Los Vinos en Tailandia

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Noviembre, 29 del 2016

 

Agricultor tailandés  dando un paseo en elefante a una turista durante cosecha de uvas Colombard.

Escribe: admin

Así como el caviar es al Champagne o el Foie al Sauternes, en este caso el cangrejo es al Colombard.


II PARTE

Continuando con Un viñedo en Tailandia, he dejado esta segunda parte para el maridaje que ha sido toda una sorpresa. A pesar de ser día de semana, el restaurante estaba bastante lleno. Nos sentamos a la mesa con el viticultor, el enólogo y el camarógrafo. El desfile comenzó: el primer plato era como un tartar de cangrejo con manzana picadita y una hierba que explosiona en la boca.

Hablo de la citronella que es lo mismo que el toronjil. Realmente fue un plato muy simple y a la vez espectacular (fácilmente podemos hacerlo en Perú). Creo que por estas tierras quedaría más sabroso, pues nuestro cangrejo tiene más sabor. Pero ahí no queda el tema, faltaba probarlo con el vino. Este resultó siendo un Colombard amarillo pálido, limpio, brillante, en nariz intenso, persistente, con aroma a frutas y, aunque no lo crean, la fruta que predominaba era la manzana. Cuando ambos se juntan es espectacular, realmente un maridaje bastante avanzado. El plato era fresquito y el vino también, el plato tenía manzana y el vino también. Cuando me refiero a avanzado es que el maridaje más básico se basa en ligero con ligero y plato fuerte con vino fuerte para que no se opaquen uno al otro. En este maridaje se cumplía esta parte y también a causa de los aromas, el vino y la manzana, creaban una fusión maravillosa. Parker tenía razón.

Luego vino otro plato. No puedo decir que era el segundo, ya que fue un menú degustación de 7 tiempos. Lamentablemente  no puedo explicar los 7, pero sí algunos, como la langosta con helado thai, con el vino rose. Aquí también hicieron un maridaje avanzado, ya que el rose como sabemos es un comodín bajo la manga. Además de ir cuando no sabemos qué vino pedir, también va muy bien con la comida thai. Esto es un hecho que funciona. Aparte de haberlo estudiado, leído, y probar alguna vez un plato thai, esa semana me tocó todos los días almorzar y cenar comida thai.

O sea, estamos hablando de más de 14 platos y el vino que iba perfectamente era el rose. Al ver este maridaje solo queda decir ¡Wow! ya que todo era rose: el plato, la salsa y el vino, (por si acaso rose seco). En este caso era un maridaje no solo basándose en el sabor sino también en el color. Los reflejos del vino rose con el fondo de los viñedos verdes, el cielo totalmente azul, y todo lo demás rose, llamaba mucho la atención. Siempre digo que un maridaje no es solo el vino y el plato, es un conjunto de todo, el ambiente, la gente, la temperatura a la que estamos, es como decir “el terroir” pero en la mesa.

Otro plato era el pato thai. Lo sirvieron con el Shyrah. Sabemos que el tanino de los tintos choca con lo picante o lo spicy, pero aquí se preocuparon de que este vino esté poco tiempo en contacto con la piel para que no agarre tanta fuerza. Me refiero a la fuerza que es capaz de aportar esta cepa. Creo que pocas veces he visto que se preocuparan hasta este punto para hacer un buen maridaje. Quedé realmente sorprendida con el chef de Siam Winery.

Otro tema importante es que las copas eran las adecuadas. Las traían frías por el calor que hacía. La temperatura de servicio era perfecta. Toda una experiencia fue la que tuve en Tailandia.

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