Quiérete Mucho

Regresar
Noviembre, 27 del 2013

 

La ausencia de autoestima, sobre todo en los adolescentes, puede derivar en graves problemas de anorexia, bulimia u obesidad. El tema se trata desde hoy, jueves 28, en el IX Congreso de Trastornos Alimentarios que se realiza en Lima.


El sobrepeso y la extrema flacura son dos caras de la misma moneda. Y es que ambos trastornos alimentarios perjudican gravemente la salud. Se sabe, asimismo, que alrededor del mundo van en aumento los casos de obesidad, anorexia o bulimia; no obstante, no se habla mucho de la relación que dichos desórdenes tienen con la autoestima ni de la incidencia de casos que existen entre niños y adolecentes. La psicóloga María Teresa Panzitta del Equipo de Obesidad y Trastornos Alimentarios del Hospital Durand de Buenos Aires, quien participará en el Congreso sobre este gran tema, que a partir de hoy, jueves 28 de noviembre, se realiza en Lima, resalta el impacto psicológico que genera tener sobrepeso. “Las burlas que sufren los niños y adolescentes quedan marcadas a fuego. En una cultura obeso fóbica, ser gordo o gorda es casi un insulto”, expresa María Teresa. Ella considera  que desvalorizar a un niño por su sobrepeso genera una enorme frustración e impotencia que luego puede traducirse en cuadros de anorexia y bulimia. 


Por su parte, la doctora Nelly Canción, especialista en trastornos de conducta alimentaria y directora de la ONG Vida Mujer, entidad que organiza el coloquio, hace hincapié en el rol que juegan los medios de comunicación que transmiten un solo modelo de cuerpo. “El impacto que tienen las comunicaciones es agudo. Se formulan reglas sobre cómo debe ser el cuerpo de las personas, de lo bueno que es estar a dieta y de lo glamorosos que son los flacos; reglas que de alguna manera tratamos de cumplir consciente o inconscientemente”, dice Nelly. Todos los días ella recibe a muchas adolescentes en su consultorio, quienes llegan con la imagen de cómo quieren lucir. “Vienen con celulares que tienen fotos de las modelos de los realities de la televisión. En sus mentes hay una visión rígida de lo que su cuerpo debe ser”, explica la especialista.


Nelly también hace referencia a los datos de una reciente encuesta realizada en Lima, según la cual ocho de cada 10 mujeres están insatisfechas con su cuerpo. De estas, dos van a desarrollar un trastorno alimentario.

Cultura obeso fóbica
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), a marzo de 2013,  2.8 millones de personas fallecen en el mundo a causa de la obesidad y el sobrepeso, condiciones que son definidas como la acumulación excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. Aunque la obesidad no ha sido catalogada como una enfermedad, se le relaciona a enfermedades crónicas como la diabetes, afecciones cardiovasculares y el cáncer. 


La psicóloga María Teresa Panzitta analiza el impacto que significa vivir en una cultura obeso fóbica en la cual se discrimina al “gordito”. “Cuando las burlas se sufren en la infancia, no se tiene conciencia de cuánto ofenden las palabras. En la pubertad, el cuerpo adquiere un lugar diferente y la mirada del otro toma una nueva dimensión. Ahí viene la vergüenza y las burlas resuenan en el inconsciente, potenciando la autocrítica y la propia desvalorización. Los efectos de estas agresiones generan disminución de la autoestima, depresión y disconformidad con el cuerpo, disparadores de un trastorno alimentario. Una persona con sobrepeso puede comer más cuando se siente rechazada, es decir, se autoagrede comiendo en exceso. Otras pueden desarrollar una conducta opuesta y volverse anoréxicas o bulímicas en el afán de huir espantadas de la obesidad”, redondea la experta.

Anorexia: Un mal silencioso
Katia, que ahora tiene 21 años, sufrió de anorexia nerviosa entre los 14 y 19 años. Dicha condición lleva a las personas a bajar de peso a niveles inauditos debido a causas psicológicas. Katia recuerda que en el colegio fue víctima de burlas que destruyeron su autoestima y la llevaron a una fuerte depresión.  Ella concluyó que si bajaba de peso, todo mejoraría en su vida. Es así que cuando sintió que podía controlar su pérdida de peso se empoderó.  Y pese a que comenzaron a aparecer los síntomas ocasionados por el daño que le estaba haciendo a su cuerpo, como la ausencia de la regla o la caída de cabello, no percibía su comportamiento como negativo.


La doctora Canción explica que las presiones sociales y el entorno familiar pueden desatar problemas. “En las jóvenes, sobre todo en las que están en la pubertad, un entorno perfeccionista o un vínculo familiar competitivo y sobreprotector favorece la aparición de la anorexia”, afirma la experta. “No está mal querer eliminar esos rollitos de más pero sí el exceso de ejercicios, laxantes y diuréticos que son conductas inadecuadas”, añade.

La solución
Para los expertos, la detección temprana de un problema alimentario es la clave para erradicarlo. “Hay que cuidar la autoestima. Cada uno construye un concepto de sí mismo, se califica de bueno o malo, de eficaz o inepto. Hay que observar mucho a los hijos, ver si solo se fijan obsesivamente en sus defectos”, advierte Nelly Canción, quien recomienda a los padres tener cautela al proyectar sus frustraciones en  los hijos sobre exigiéndoles alcanzar metas que ellos no pudieron lograr. “Tenemos niñas de ocho años con conductas de preanorexia que se deprimen por el estrés al que están sometidas. A los niños hay que darles tiempo libre, no coparlos de tantas actividades que saturen sus horarios”, explica la doctora. Finalmente, recomienda vigilar lo que comen los  hijos sin presionarlos demasiado y fijarse con quién se los deja o con quiénes se relacionan a fin de que no tengan ningún trauma (abuso físico o sexual, por ejemplo) ya que tanto la anorexia como la bulimia son trastornos silenciosos cuyos síntomas no se manifiestan hasta que ya es demasiado tarde.

Comentarios