Nuestro Hijo Adoptivo

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Setiembre, 20 del 2017

 

Cada vez más parejas tratan a sus mascotas como un verdadero hijo.

Cada vez más parejas están optando por adoptar una mascota, posponiendo la llegada de los hijos. Entendamos a qué se debe esta nueva actitud.


“Tener perros y gatos en casa es tal vez más cómodo pero, al final, ese matrimonio llega a la vejez en soledad”, comentó el papa Francisco en uno de sus discursos en el Vaticano en 2014. El pontífice se refería a esta tendencia que día a día se hace más notoria. Independientemente de nuestra religión, creencias y valores, no podemos negarlo: el número de parejas que suele optar por tener una mascota y retrasar o incluso descartar traer hijos al mundo, aumenta.


¿Es generacional?

No es novedad que  han cambiado las prioridades para  la sociedad actual y los jóvenes, en su mayoría, ya no muestran el entusiasmo de antaño por formar una familia y tener hijos. Esto no está solamente ligado al hecho de no querer asumir responsabilidades, sino, además, a la dificultad que las nuevas generaciones viven con respecto al futuro que, día tras día, parece ser más incierto. Las ganas constantes de viajar y la alta rotación laboral, entre otras características de este grupo humano, generan la duda sobre poder garantizar a los hijos un futuro con posibilidades. 

Un estudio realizado por el ‘Center for Disease Control and Prevention’ en los Estados Unidos, afirma que la tendencia de las mujeres entre 15 y 29 años sería, en efecto, la preferencia por una mascota (especialmente un canino) antes que quedar embarazadas. 


Los factores

Según nos explica el médico y psicoterapeuta de Familia y Pareja, Efraín M. Freyre, existen varios factores que explican esta tendencia, “por un lado, el matrimonio como tal está siendo reemplazado por la convivencia, las parejas se separan más rápido”, además estas se ven obligadas a “vivir en espacios cada vez más pequeños”. A eso se le suma una “mayor competitividad laboral y un género femenino que cada vez  trabaja más y tiene menos tiempo”.

Con las últimas estadísticas mundiales parece que nos encontramos ante una reducción de la natalidad, mientras que los porcentajes de adopciones de mascotas  siguen subiendo como la espuma. Algunas parejas eligen una mascota estando en la fase en la que aún no desean hijos porque tal vez esperan tener una casa propia, realizar algunos estudios o poseer una mejor estabilidad económica y profesional. 

Otra es, sin embargo, la psicología de la pareja que opta por la mascota antes que la maternidad/paternidad. Muchas veces en esto influye la falta de madurez. El doctor Efraín nos plantea aquí una pregunta para reflexionar: “¿Cómo un niño puede criar a otro niño?”. Se refiere a que “en muchos casos, los miembros de una pareja quieren vivir para ellos mismos y no están dispuestos a sacrificarse por nadie. Por ello, teniendo una mascota intentan suplir ese intercambio afectivo de una manera más rudimentaria, claro está”. El psicoterapeuta explica: “Podemos decir que, como todos los seres humanos, lo que buscan es recibir cariño y también darlo y quizás piensen que eso lo pueden obtener con su mascota”.

La imposibilidad de procrear es también un factor que empujaría a una pareja a optar por esta decisión. Esto puede deberse a un problema de infertilidad o a que la pareja sea del mismo sexo.


¿Quién se queda con el perro?

Tal vez, hace algunos años, nadie hubiera pensado oír esta pregunta en las conciliaciones de parejas, pero hoy esto es un hecho cada vez más frecuente. Como explica el doctor Freyre: “Podemos decir que en caso de separación, se tendrán que negociar las cosas que se van con uno y lo que se lleva el otro. Esto necesariamente involucra a la mascota. Una forma inteligente podría ser que la mascota se quede con quien tiene mayor afinidad. Quizás uno de ellos quiera dejarla para iniciar una nueva vida con otra persona”.

Tal vez optar por una mascota sea más “práctico”, como dijo el papa Francisco, pero hay que reconocer que el amor de estos animalitos puede llenar de alegría aquellos hogares que de otra forma se sentirían fríos y vacíos.(Alessandra Incandela)

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