El Corazón de Ancón

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febrero, 09 del 2017

 

Guardián marino Desde hace 52 años, Don Basilio Obregón (77) es el encargado de velar por la seguridad del Casino Club Náutico de Ancón. A lo largo de todo ese tiempo, el amable guardián ha sabido ganarse el corazón de tres generaciones de anconeros. En la temporada de verano lo podemos ver siempre impecable en las instalaciones del club, mientras que los otros meses del año se encarga de que todo el lugar luzca en orden. Don Basilio cuenta que se han vivido innumerables anécdotas, nostálgicas y divertidas, como su romántica boda realizada en el salón principal del Casino.

 

Todo lugar con tradición está lleno de personajes ricos en historias y a quienes todos conocen y quieren. Seis de ellos nos cuentan su relación con Ancón.


Ancón es un balneario con historia. Y parte de esa historia la han construido una serie de personajes que, hoy por hoy, ya son parte esencial de la familia anconera. Pescadores, floristas, anconeteros, reposteras y porteros de toda la vida son quienes impregnan de originalidad y buena onda cada rincón de esta apacible caleta.
 

Paseo memorable

Julio Oroya tiene 60 años, pero aparenta muchos menos. Dice que el secreto para mantenerse saludable es su buena alimentación y, evidentemente, las largas horas de pedaleo. Julio era bartender de profesión, hasta que hace más de cuarenta años, “sin querer queriendo”, como nos dice, compró su anconeta y desde entonces acompaña a diario a cientos de personas que gustan recorrer el malecón en su original vehículo. “Pedalear esquivando bañistas es una habilidad que demanda mucha práctica”, cuenta el anconetero, quien guarda en su memoria grandiosos recuerdos vividos en el balneario que lo vio crecer.


Barquillo de arena

Todos lo conocen como Agustín, pero la mayoría de veraneantes no sabe que su verdadero nombre es Luis Alberto Castro. Lo llaman así porque heredó a modo de apodo el nombre de su padre, quien también fue un barquillero de oficio. Desde hace unos años, él recorre de norte a sur el balneario de Ancón cada temporada de verano. Pero Luis Alberto no solo heredó el nombre y trabajo de su padre, sino también un cuaderno donde los veraneantes más tradicionales tienen una cuenta. Según nos dice,  “hay personas que tienen el mismo número de cuenta hace más de 50 años y a quienes mi padre ha visto crecer”.


Entre flores

Creció entre flores y sus aromas hasta que heredó el negocio de su madre Marcela, quien durante 60 años perfumó de rosas el mercado de Ancón. Hoy Antonia Quiroz es la encargada de elaborar los arreglos florales para cualquier evento que se realice en el balneario. Fiestas Luau, matrimonios y quinceañeros lucen coloridos diseños y tocados de flores gracias a la dedicación que Antonia imprime a su trabajo.


Dulce sensación

Sarita Núñez es la más solicitada del edificio La Sirena de Ancón. Si no recuerda su nombre, todos los caminos conducen a ella si se pregunta por “los más ricos alfajores”. Sarita trabaja con sus dos hijas, Norma y Sara. Desde los años 60, varias generaciones de anconeros han disfrutado de los deliciosos postres que prepara: merengados, brownies y guargüeros. Dulces que generan una suculenta adicción desde el primer bocado. “La gente a veces me pregunta por qué mejor no compro el manjar… yo les respondo que si lo hiciera no serían los postres de Sara”, cuenta.


Rico perico

Miguel Gallardo creció familiarizado con el mar. Con una amplia sonrisa, el pescador cuenta cómo desde muy pequeño se le podía ver merodeando el puerto de Ancón, mojándose los zapatos con agua salada. Hoy no solo se dedica a la pesca, sino también se encarga de que la mercadería que sale del mar llegue a tiempo a sus destinos en Lima y en el mejor estado. Miguel nos comenta que su trabajo no tiene horario y que depende de la temporada o de cómo esté el mar. Ha tenido la oportunidad de trabajar en otros puertos, pero “como el de Ancón, no hay dos”, concluye.

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