A TOMAR EL MANDO

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Setiembre, 06 del 2018

 

FOTO: .ISTOCKPHOTO-GETTY

En junio de este año, la Organización Mundial de la Salud incluyó al abuso de los videojuegos dentro de la lista de nuevos desórdenes mentales.


Los videojuegos son adictivos porque hacen segregar neurotransmisores como la dopamina, oxitocina y adrenalina, lo cual deriva en que los niños quieran estar jugando continuamente.

Según la psicóloga Tatiana Cuadros,  se debe tener en cuenta la edad de inicio y la dosificación del tiempo de uso. “No se trata de prohibir pues lo que se prohíbe atrae más. Se debe inducir a actividades alternas para sustituirlos sin mencionar la palabra prohibición”, comenta la experta.

La edad prudente para utilizar los videojuegos es alrededor de los 10 años. Esta etapa se caracteriza por la competitividad y ayudaría al progreso de habilidades de estrategia, siempre y cuando haya un control. Los chicos no deben estar expuestos a los videojuegos antes de esta edad porque aún no están preparados para distinguir la realidad de la ficción. Pueden pensar que lo que viven también es parte de un juego.

El tiempo sugerido es de 1 hora y media al día, máximo 3 veces por semana. Se debe dar lugar a actividades alternas como hacer deporte, pasar tiempo al aire libre, leer y promover la socialización con juegos de mesa como el Monopolio. Los ayuda a pensar, sumar, negociar, etc.


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¿Cómo sé si mi hijo es adicto a los videojuegos?

Lo primero es estar atento al comportamiento del niño. Muchos padres dejan que los videojuegos sean las niñeras y no se percatan de los cambios de humor de sus hijos. “Hay que dejar de pensar que ese tipo de entretenimiento es la solución al vacío que sienten por la ausencia de los padres”, comenta Tatiana.

La adicción se puede detectar rápidamente cuando alejas al niño del videojuego y este se siente deprimido,  habla solo de juegos, experimenta sudoración o agitación. Esto se conoce como pequeños episodios de abstinencia.

Si bien los videojuegos son adictivos, es casi imposible alejar a los niños totalmente de ellos porque es parte de su mundo. Lo mejor es controlar la exposición a estos e incentivarlos hacia actividades de socialización.  (Vanessa Rodríguez)


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