El ADN de un Bigote

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Julio, 13 del 2017

 

ARTISTA TOTAL
Salvador Dalí hizo de su bigote, de sus obras y de su vida, una permanente puesta en escena.

Dalí no ha muerto. Lo sacarán de su tumba para que él resuelva un juicio de paternidad. El surrealismo, qué duda cabe, está más vivo que nunca.


Probablemente no haya nada más surrealistamente hermoso que una pintura de Dalí. Aunque también resulta ligeramente surreal que en pleno siglo XXI, veintiocho años después de su muerte, alguien pretenda exhumar el cadáver del artista con el moustache más famoso de la historia para hacer una prueba de ADN y determinar si el extraordinario pintor español fue su padre o no.

Habría sido difícil predecir que el ácido desoxirribonucleico, con el que Dalí defendía aquellas teorías filosóficas sobre la inmortalidad en la década del ’50, sería decisivo para que el Juzgado de Primera Instancia número 11 de Madrid pretenda determinar si una señorita llamada Pilar Abel, de 61 años, es hija del marqués Salvador Dalí. ¿Back to the future?  
Sin embargo, el reconocido forense Narcís Bardalet ya ha dicho que el formol utilizado para embalsamarlo podría haber causado daños a su estructura genética. Así que las pretensiones de la señorita Abel quizás tengan, en los próximos días, un tropiezo en medio de semejante menjunje genético. Solo el tiempo lo dirá.

DALÍ POR DENTRO

Excéntrico, narcisista y megalómano, Salvador Felipe Jacinto Dalí i Domenech fue uno de los principales animadores de la escena cultural mundial en el siglo XX. Nació en 1904 en Figueras, Cataluña. Su madre murió de cáncer al útero cuando él tenía 16 años y su padre lo botó de la casa cuando tenía 25.

En 1929 conoció a una mujer rusa once años mayor que él llamada Elena Ivanovna Diakonona, entonces esposa del poeta francés Paul Éluard (‘La capital del dolor’, 1926). Poco tiempo después Dalí y aquella rusa rebautizada como Gala se enamoraron hasta que la muerte los separó. Desde entonces el pintor y ella fueron una de las parejas más populares del multicultural barrio parisino de Montparnasse y Dalí comenzó a ser uno de los más importantes creadores del surrealismo, junto con otros artistas como el estadounidense Man Ray o el español Joan Miró.


Dalí y Gala en su casa de Portlligat.


El artista tenía un oso hormiguero como mascota y lo sacaba a pasear por las calles de París.


Obras como ‘La persistencia de la memoria’ (1931), ‘Leda atómica’ (1949) o ‘La estación de Perpignan’ (1965) lo transformaron en una leyenda. ¿Usted nunca vio su trabajo? No sabe lo que se ha perdido.


Dicen que su célebre bigote fue constituido en su rostro como un homenaje al célebre pintor andaluz Diego Velásquez. Otros dicen que fue por un militar catalán llamado Josep Margarit. Ninguno logró inmortalizar un bigote de ese tipo como Dalí.


Sin embargo, no criticar abiertamente al fascismo de Hitler durante la Segunda Guerra Mundial y vivir en Cataluña en la época de la dictadura del General Francisco Franco lo convirtieron en el blanco perfecto de sus críticos, que no pudieron cuestionar su extraordinaria obra y se aferraron a discusiones políticas para desprestigiarlo.


Salvador Dalí, grande entre los grandes, murió el 23 de enero de 1989 en Figueras, la misma ciudad donde nació. Hoy se pretende saber si una señorita es hija suya a través del ADN. Ojalá que así sea. Tendríamos a una insospechada descendiente de Dalí dando vueltas por el mundo. Ojalá que haya heredado un par de folículos de su talento.


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