Zsa Zsa Frayssinet: Viaje Interior

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Agosto, 07 del 2014

 

La bailarina y conductora de televisión nos habla de su amor por la danza y sus aventuras viajeras.


A los 26 años, Zsa Zsa no para de viajar. Pese al exigente cronograma de viajes del exitoso programa que se transmite por Plus TV, ‘Check In’, logró obtener una semana libre y decidió seguir viajando: se fue al Cusco  con su hermano a disfrutar de un paseo distendido sin cámaras ni luces alrededor. Pero antes, dejó rendido al equipo de producción de Ellos & Ellas. “La pantalla no te hace justicia”, fue el pícaro comentario que se oyó durante esta sesión de fotos. Entusiasta viajera, grácil bailarina, el mundo de Zsa Zsa se desenvuelve entre nuevas experiencias en parajes remotos y las tablas, a las que extraña. Sin embargo, como la danza sigue siendo su pasión ha sacado tiempo de donde no tiene para presentarse el próximo 19 y 20 de agosto en la IV Noche de Coreógrafas de Terpsícore en el ICPNA.

–Tú eres de profesión bailarina y de pronto comienzas a conducir un programa de viajes que no tiene que ver nada con la danza, ¿cómo así?
–A mí siempre me gustaron los escenarios y las tablas y al terminar el colegio me puse a estudiar danza contemporánea. Terminé la carrera y justo me llamaron para este casting. Lo que el canal buscaba era gente que tuviera la personalidad para hacer este trabajo. Entonces, más que casting con cámara, han sido entrevistas y hasta me hicieron trepar una pared para ver si lo hacía bien, ¡y lo hice!

–¿Te mandas a los retos o eres cauta?
–En realidad no me mandaba tanto. Están logrando que me mande.

–Claro, te hemos visto correr tabla en El Salvador, por ejemplo.
–También hice body jumping, que eso sí era algo que jamás imaginé que fuera a hacer. Fue en Costa Rica. Al principio dije “no” pero luego acepté y claro, antes de saltar me puse a llorar horrible, me dio como un ataque de pánico hasta que respiré profundamente. Luego  pensé que solo hay un momento en la vida para hacer este tipo de cosas. Si no lo hacía iba a regresar a Lima y me iba a arrepentir. Y me lancé y fue bravazo.

–¿Qué no vemos de Check In?
–Que a veces el vuelo sale a las 5 de la mañana, que se tiene que estar en el aeropuerto a las 2, que te recogen a la 1, que esa noche no duermes. Después, se llega al hotel a las 8 de la mañana y se comienza a grabar a las 10. Estas totalmente de boleto, cansada, y somos humanos, ese cansancio te pone de mal humor. Además siempre se presentan problemas.

–No todo es glamour.
–Una vez en Costa Rica, a mi compañera Maud, le picaron los mosquitos, tanto que tuvimos que ir a una posta en la carretera y no la querían atender. Eso no se ve porque finalmente lo que queremos dar a conocer es lo bonito del lugar para que la gente quiera viajar. Sacar el producto requiere de muchísima más chamba.

–En Latinoamérica hay mucha desigualdad. ¿Recuerdas algo en particular?
–Nosotros vamos a los lugares turísticos y mucho de eso no vemos. En el Perú sí vemos desigualdad día a día porque es uno de los países de Latinoamérica con más diferencias. Recuerdo que el viaje a La Habana fue para todos un aprendizaje muy bonito. De regreso, con la productora, el camarógrafo y con Maud no pudimos elegir si Perú o Cuba funcionaba mejor. Ese viaje es el que más me ha marcado.

–¿Por qué?
–Ahí todos tienen comida, salud y educación. Tienen muchas limitaciones, pero en el Perú más de la mitad de la población vive en la pobreza y tienes niños que se mueren de hambre y de frío. Eso no pasa en Cuba, nadie se muere por esas razones básicas.

–El viajar sin duda te da otra perspectiva.
–Sí, porque te permite ver tu ciudad de manera distinta. La otra vez decidí salir de mi casa y ver las cosas con ojos de turista. Como ya estás acostumbrada a vivir en Lima hay que imaginarse que no conoces el lugar donde estás. Así ves árboles que no habías visto antes, un café al que nunca había entrado, entonces, descubres tu propia  ciudad como turista, buscándole lo bueno. Vivir como si estuvieras de viaje te hace experimentar nuevas cosas.

–Ya que hablamos un poco de política, a los jóvenes de tu generación, ¿les interesa?
–Sí les interesa, lo que pasa es que no los dejan. Yo tengo amigos que han intentado ir al Congreso, que están metidos en campañas, pero los peruanos eligen a los mismos candidatos de siempre y no dan chance a los jóvenes. La plata que se necesita para hacer una campaña nadie la tiene ahorita, para tenerla hay que haber sido presidente antes. Ojalá que esto cambie, pero si ahorita quisiera salir un candidato joven, es muy difícil que le hagan caso. Mientras los debates y la información sean sobre Alan y Keiko, todo va a seguir igual, lamentablemente.

Pese a la intensidad de sus viajes, Zsa Zsa no se desliga de la realidad del país. Prefiere enterarse de las noticias por páginas de Internet alternativas y blogs, más que por periódicos o noticieros. El espíritu crítico lo cultivó durante sus años de escolar en el colegio La Casa de Cartón de Chorrillos, donde le inculcaron el arte, así como el espíritu de cuestionar la realidad. Recuerda también los debates sobre realidad nacional que se formaban cada vez que había elecciones o algo importante sucedía.

–Has vivido en Bolivia, ¿cómo fue esa experiencia?
–Viví en Bolivia, en La Paz, cuando tenía tres años hasta los seis, pero veníamos todas las vacaciones. No me acuerdo mucho pero años después he regresado varias veces. Es el país de Latinoamérica, creo yo, que más se parece al Perú. La diferencia es que ellos quieren mucho más sus raíces y lo puedes ver. Aquí estamos más orgullosos de nuestra comida que de lo que es realmente el Perú. La comida peruana es deliciosa, es cierto, pero el Perú es mucho más que eso.

–¿Cuál es la identidad del Perú? ¿Qué nos define a los peruanos?
–Es muy difícil que tengamos una sola identidad porque somos distintos y diversos. Pero creo que lo que nos define es nuestra capacidad de recurseo. Sacamos lo que necesitamos de donde sea, nos reinventamos.

Para Zsa Zsa, la formación recibida en su casa ha sido determinante para ser feliz en su trabajo. Sus padres siempre apoyaron su decisión de trabajar en ‘Check In’. Cuenta, sin embargo, que fue a su padre al que le chocó un poco más la decisión que tomó de dejar la casa familiar para vivir sola.

–¿Vivir sola te plantea otros retos?
–Me ha pasado de todo. He inundado la casa, he quemado cosas. Con mi roomate hemos tenido días que abrimos el refrigerador y ¡huele horrible! Algo se ha malogrado. Pero es divertido aprender.

–¿Cómo que inundaste la casa?
–Puse la ropa a lavar. La manguera que bota el agua da a un caño, pero había ahí unos trapos que taparon la cañería. El agua se rebalsó. En otra circunstancia me hubiera molestado horrible conmigo misma, pero me pareció tan chévere. ¡Fue la primera vez que inundé mi casa! Le tomé fotos, hice un video, puse música y bailé mientras limpiaba. Lo mejor fue que cuando le conté a mi roomate, me dijo: “Zsa Zsa, ¡el piso nunca estuvo más limpio!” Claro, ¡si me pasé tres horas limpiando!

 –¿Te defiendes en la cocina?
–Tengo como tres platos que me salen bien y también preparo huevos revueltos, ensaladas, frío pollo y ese tipo de cosas. Me las di de chef una vez e inventé unos fideos con una crema que me salieron horribles. Me quedo con lo sencillo.

–Entonces a tu novio, Manuel Gold, no lo has conquistado por el estómago.
–No, definitivamente no. Además él es flaquito.

–¿Cuántos años más piensas dedicar a este trabajo?
–Quiero que mi carrera sea la danza, de todas maneras. A ‘Check In’, con nosotras en la conducción, le daría cinco años porque de ahí sí quisiera formar una familia y no sé si podría hacer este trabajo con hijos. Yo siempre me he muerto por tener mis hijos. Veo bebés y los adoro.

–¿Y Manuel no se pone celoso porque conozcas tanta gente en tus viajes?
–Para nada. Lo bueno es que él tiene trabajos con horarios parecidos y entiende, además también trabaja en televisión.

–¿No lo has pensado llevar de “polizonte” a uno de tus viajes?
–¡Claro! Siempre quiero llevarlo en mi maleta. Algún día.

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