Tatiana Astengo: CON SELLO PROPIO

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Mayo, 25 del 2017

 

La talentosa y guapa actriz, que en dos semanas cumplirá 50 años, se enfrenta a un nuevo reto televisivo. Dice, y se nota, que se siente como pez en el agua.


Entrevista: ÁLAMO PÉREZ LUNA 

Fotos: VICTOR CH. VARGAS


En medio de las grabaciones de la serie ‘Pensión Soto’, en la que hay, como dice la promoción, ‘casa, comida… y alboroto’, Tatiana Astengo se da un tiempo para conversar con Ellos&Ellas. Once personas estamos alrededor de ella. Le gusta sentirse protegida y le encanta su personaje Zoila Soto.

–¿De dónde parte la idea de hacer Pensión Soto?

–De la necesidad de crear un producto nuevo. Últimamente estoy pegada a  Facebook, Twitter e Instagram y la gente siempre está solicitando algo fresco. A la gente le gusta ver sus propias historias en la pantalla. Además, yo estuve los últimos seis años haciendo el personaje de Reina Pachas en ‘Al fondo hay sitio’. Y el trabajo era full. Fue muy lindo, pero agotador.


Entonces, esta serie se pensó, al principio, para redes, no para TV.

–Sí. Lo pensamos July Natters, yo y unas amigas que están muy actualizadas con todo el tema de redes. Pensamos que el futuro está en las redes. De hecho hay gente joven que no ve televisión directamente. La TV los ha abandonado.


No les da productos interesantes

–Exacto. Nació así. Pero finalmente se sumó Luciana Olivares, quien con todo su entusiasmo y su vitalidad, dijo: “Esto lo quiero para la televisión”.


En España empezó en un restaurante como anfitriona, después fue teleoperadora y trabajó en una tienda esotérica leyendo cartas.


¿De quétrata la trama?

–Zoila Soto es una mujer peruana actual. Ex secretaria, ex yanbalista y a la que le cuesta integrarse a este mundo tecnológico. Se rodea de gente joven y se va enterando cómo va todo y no lo rechaza. Esto va para la gente que dice “¡Ay no, qué flojera! ¡Esos aparatos los odio! Todo el mundo se va a enterar de mi vida por las redes”. Ellos tienen que saber que lo único que están haciendo es alejándose de sus hijos, de la gente joven y del mundo.


Naciste en el Hospital del Empleado y viviste en Balconcillo. ¿Zoila Soto tiene mucho de ti?

–Sí, claro. Cuando era joven y mi trabajo como actriz no era tan fluido, me iba a Gamarra, compraba ropa interior y la vendía como si fuera de Miami (risas). Siento que he tenido muchas vidas en una sola.

Tatiana estudió Periodismo en la Universidad San Martín de Porres, trabajó en la revista Telecolor y en el canal 33 UHF como reportera.


Y un día te llamóCarlos Álvarez

–Sí, yo estaba estudiando actuación. Quería ser una actriz seria y siempre hay ese prejuicio absurdo de que si trabajo en comedia después nadie me va a tomar en serio. Por suerte acepté. 



–¿Y de allívino Candela?

–Sí, no duró mucho pero fue potente. Grabamos un disco, conocí todo el país, tocamos mucho en TV. El hit era ‘La cosa se pone buena’.

En el grupo musical Candela alternó con Carla Robbiano (esposa del alcalde de Magdalena Francis Allison), Bertha Meléndez (esposa del ex arquero Juan Carlos Zubzuck) y Laly Goyzueta (esposa del actor Mariano Sábato). Todas están casadas y tienen hijos.


–¿El matrimonio es una factura pendiente?

–No, para nada. No creo en el matrimonio. Respeto a los que creen en él, pero no me parece natural que tengas que casarte con alguien y vivir el resto de tu vida con una sola persona. Eso es un invento.


–¿El amor tiene fecha de vencimiento?

–Totalmente. Todo tiene fecha de vencimiento. Nosotros también.


–¿Nunca quisiste ser madre?

–No. Nunca he querido ser madre. No he tenido ese instinto maternal. Nunca me he levantado con ganas de tener un hijo.


Continuemos. Después de Candela y Carlos Álvarez vinieron las telenovelas

–Sí. De allí vino ‘Tribus de la calle’ y ‘Lluvia de arena’ para ATV, ‘Escándalo’ y ‘Torbellino’ para Iguana y luego pasé a América, donde hice ‘Milagros’, ‘Luz María’ y varias más.


Tatiana ha participado en 18 películas y en 20 telenovelas grabadas en el Perú y el extranjero.


Y de allí, tu debut en el cine con Pantaleón y las visitadoras. ¿Fue difícil hacer ese desnudo?

–No. A mí no me cuesta hacer desnudos. A mí me cuesta más hacer una escena donde esté desnudando mi alma. La única vez que me costó hacer un desnudo fue en la primera película que hice en España. Interpretaba a una colombiana que es encarcelada y me hacen quitar la ropa. Una mujer policía me revisa por dentro y de pánico me orino. Fue tremendo.


–¿Por quéte fuiste a España?

–Porque siempre estoy en constante búsqueda. Necesitaba aprender, explorar, retarme a mí misma, y eso en este país no existe, incluso ahora. La única forma era salir. Tenía que irme lo más lejos posible. Y escogí España por el idioma, por el cine...


Ya habías hecho Pantaleón, que se vio allá…

–Pero no pasó nada allá. No eres nadie. Es una mega industria. Dicen ‘hay casting para un papel’ y se presentan cincuenta actrices, muchas conocidísimas, y todas se conocen entre ellas.


Pero Pancho Lombardi era conocido allá…

–A nivel festivales, sí, pero ese es no es un ambiente popular. ¿Tú crees que ganas un festival y todo el mundo te conoce? No, no es así. No existes.

Volviendo a su vida en España, se matriculó en la prestigiosa escuela Corazza en Madrid, donde estudiaron actores de la talla de Javier Bardem, y pensó quedarse un año por allí. Se quedó siete.


La protagonista de ‘Pensión Soto’ nunca ha querido ser madre. No ha tenido ese instinto maternal.


–¿Quéhiciste al principio para pagar las cuentas?

–Empecé en un restaurante como anfitriona, después fui teleoperadora, cuidaba niños y trabajé en una tienda de cosas esotéricas leyendo cartas.


No creo que túleas las cartas.

–No pues, pero me inventaba todo (risas). Como buena actriz, allí seguía entrenando (más risas).


Y cuando empezaste a actuar en cine y televisión eras la peruana’…

–La latina, más bien. Hice de boliviana, ecuatoriana, peruana, colombiana y dominicana en varias producciones de cine y TV.


¿Y la paga es mucho mejor que aquí?

–¡Es otro presupuesto! Y tienes derechos laborales. Yo hasta ahora sigo recibiendo regalías por cada producción que repiten en la TV o en el cine. Eso aquí no existe.


–¿Cómo estás de salud?

–Bien. Tengo un problema con la tiroides, pero ya está controlado. Medicada de por vida.


–¿Cómo vas de amores?

Cero. Me quiero yo. Suficiente conmigo.



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