Rosana Cueva: En el amor y en la Guerra

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Setiembre, 05 del 2013

 

La directora y conductora de “Panorama” concilia con habilidad la intensidad de su vida privada –tiene dos hijos y un nuevo novio– con los riesgos que suele acarrear el periodismo de investigación.


“Rosana, ¡levanta más la pierna!”,  le pide Víctor Ch. Vargas. Ella, le clava los  ojos y alega: “¡La voy a levantar una sola vez, pero si me sacas una foto horrenda, te mato, ¡sé dónde vives!”. Así, Rosana Cueva, se rinde, cómplice, a los rigores de la sesión fotográfica. Y en cada giro hace gala del mismo aplomo y perfeccionismo que caracteriza su trabajo; no por nada lleva más de dos décadas haciendo periodismo de investigación y destapes fundamentales para la vida democrática de este país. Con 50 años, dos hijos y novio de estreno, Rosana se da maña para
dirigir con éxito al equipo de Panorama y conducir ella misma el programa que, en lo que va del año ha logrado considerables primicias. La última: el descubrimiento de la empresa Ecoteva y su vinculación con el expresidente Alejandro Toledo. 


–Nadie que te ve podría decir que has cumplido 50 años.
–Trato de mantenerme delgada, porque con eso de que la tele te engorda seis kilos…además, tiendo a tener la cara un poco llena. Una que otra vez me he puesto Botox por acá (en la frente), pero sólo ahí, porque no quiero perder la expresión. En la vida diaria más bien ando con la cara lavada y el pelo amarrado, así salgo a todos lados. Pero debo confesar que sí disfruto de arreglarme todos los domingos para Panorama. 


–No eres para nada una conductora maniquí, no sigues ese patrón ¿verdad?
–No. Y es que quiero dejar en claro que la persona que se sienta en la mesa de conducción, bien vestida y maquillada, no está ahí por su físico sino porque es una persona inteligente y se lo ha ganado. Te soy franca, yo no esperaba conducir Panorama. Es un programa con tantos años, tanta tradición y han pasado tantos conductores por él, que hacerlo fue todo un reto. Si Augusto Thorndike no hubiera estado en ese momento a mi lado me hubiera muerto.


–Sin embargo, tú tienes bastante experiencia en televisión.
–Lo que pasa es que en la conducción entran a tallar otros factores. Una cosa es hacer un reportaje y otra hablarle a la gente, meterme a sus casas. El primer año, muchas personas me decían: ¿por qué no sonríes? Luego, poco a poco sentí que estaba en la sala de las personas y entonces me relajé y comencé a conversa con naturalidad. Es un proceso que toma su tiempo.


–¿Con cuál de los roles, finalmente, te quedarías, con el de conductora o el de directora?
–Ahorita estoy haciendo los dos roles pero definitivamente lo mío es la dirección. Vigilar cada reportaje. Y soy recontrapesada con los reporteros. Estoy detrás de ellos en cada uno de los pasos que dan. Desde el principio hasta la última etapa. Finalmente, soy como una chef: tengo que probar todos los platos y verificar su sabor, antes de llevarlos a la mesa. 


Incluso, cuando los entrevisto para contratarlos, les digo que tengan la certeza de que así como los voy a fastidiar mañana, tarde y noche, para que hagan las cosas bien, voy a sacar la cara por ellos cuando sea necesario. Con mis reporteros soy como una leona pues considero que ellos son como mis hijos. 


–¿Consideras que estás creando escuela?
–A veces quisiera hacer de esto el ‘60 Minutes’ peruano,  un súper buen programa. Pero no siempre puedes lograrlo porque se necesitan recursos extraordinarios que ningún canal en el Perú tiene. En ‘60 Minutes’  hay un productor para cada reportero. Ningún canal en el Perú o Latinoamérica puede darse ese lujo. Sin embargo,  sí quiero que esos estándares de calidad se puedan sentir en el texto, en una historia bien investigada y en una edición pulcra. Además, que todo se haga de acuerdo al debido proceso, con todas las herramientas legales y éticas de las que se pueda echar mano. Eso no quiere decir que no nos equivoquemos. Somos seres humanos y en consecuencia no somos infalibles. Nos podemos equivocar, repito, pero nunca será con mala leche.  


Al terminar el colegio en Piura (nació en Lima pero se crió en el norte), Rosana quiso estudiar Derecho, pero como esa decisión  implicaba abandonar el hogar familiar, encontró en la carrera de comunicaciones y periodismo la posibilidad de desarrollar su personalidad inquisitiva.


Ella comenzó su vida profesional a finales de los ochenta, en el noticiero de Panamericana Televisión, cubriendo el turno de madrugada pero fue en ‘La Revista Dominical’, bajo la dirección de Nicolás Lúcar, que comenzó a foguearse en el periodismo de investigación. En 1996, cuando trabajaba en ‘Contrapunto’,  programa que transmitía Frecuencia Latina, Rosana destapó la red de interceptación telefónica liderada por Vladimiro Montesinos. Antes de llegar a ‘Panorama’, trabajó con César Hildebrandt y durante tres años se desempeñó como corresponsal de la cadena de noticias CNN.


–¿Has podido compaginar tu rol de mamá con el de periodista de investigación?
–Cuando entré a Contrapunto tenía siete meses de embarazo de mi hija Francesca. Di a luz en 1997, cuando ya estábamos trabajando, todo un equipo, en el tema de la interceptación telefónica. A los 20 días de nacida Francesca, me llaman del programa y me dicen: “¡Ya, lo que estábamos esperando llegó, tienes que venir! Igual me pasó con Rodrigo en 1995. Él no había cumplido un mes de nacido y yo estaba en descanso post parto, cuando recibí una llamada de Nicolás Lúcar que me decía: “Rosana, en verdad lo lamento, pero alguien tiene que ir a Oklahoma a cubrir el atentado”.  Ya allá, me fue muy difícil mandar mis reportes;  y es que en el segundo piso del edificio siniestrado funcionaba una guardería. ¿Crees que podía decir eso vía microondas? Cuando lo intenté se me quebró la voz y tuve que pasarle el micrófono a la entrevistada. Había dejado a mi hijo tan pequeñito y estaba cubriendo un atentado donde habían muerto tantísimos niños. Fue horrible. Ahora Rodrigo tiene 18 años y siento que sí he podido compatibilizar mi trabajo con su crianza.


–Siendo madre, ¿hasta qué punto te arriesgas con un tema?
Cuando ellos estaban chiquitos, sí hubo riesgos. Por ejemplo, las amenazas de Montesinos, que no eran de juego. Recuerdo que llamaban a mi casa preguntando por mi hijo. Decían: “¿Cómo está Rodriguito?”. Yo me moría de miedo pero siento que hubiera sido más cobarde dar marcha atrás. En ese momento mi pareja jugó un papel muy importante. Estábamos convencidos que había que seguir en esto.  


–Este año, Panorama ha puesto sobre el tapete el caso de Toledo y sus propiedades y de alguna manera ha marcado la agenda de los medios.
–Hemos hecho varias investigaciones, pero siento que el caso Toledo ha sido el más fuerte debido a que se trata de un expresidente. Además, él estaba pasando piola y hasta teníamos la información de que la Fiscalía estaba a punto de cerrar su expediente. Entonces, al enterarnos de la existencia de Ecoteva, corrimos el riesgo de viajar a Costa Rica, confiando en nuestras fuentes pero sabiendo, también,  que podía haber un margen de error. A partir de entonces seguimos escarbando y encontrando evidencias.


–Toledo es un viejo conocido para ti. Cuando estabas en Cuarto Poder denunciaron la falsificación de firmas de su partido.
–Justamente porque pasó todo eso anteriormente, es que estamos  manejando el tema de la manera más pulcra posible. Yo misma me he preocupado de que tanto en las presentaciones como en los cierres de cada uno de los reportajes no haya ningún tipo de opinión. De esta manera no hay lugar a desmerecer ni descalificar esta investigación. Hemos sido rigurosísimos con cada palabra y frase que se ha dicho. 


–He leído que tienes un pretendiente ¿Es cierto?
–Sí, pero ahí nomás. Es una relación bacán porque somos buenos amigos y de pronto nos enamoramos. Mira, yo he estado casada 12 años y tengo cinco o seis de separada.  Entonces, me tomo las cosas con calma. Si tuviera planes matrimoniales sería otro el tema, pero no es el caso. Tengo una pareja, eso es bacán y eso es todo. 


–¿Viven juntos?
–No, no. Y tampoco es que haya planes inmediatos. Entonces hay dejar que eso camine y punto. Lo dejo ahí.


¡No te voy a soltar más prenda!


–Vamos, ¿es del medio periodístico?
–Vinculado. 


–Entre el trabajo y el nuevo novio, ¿tienes tiempo para ti misma?
–Los lunes me desconecto por completo. Cuando mis hijos están en clases trato de esperarlos para almorzar con ellos y estar juntos. Antes iba al gimnasio pero no soy tan disciplinada. Ahora, por casualidad conocí a una profesora de yoga que va a mi casa y estoy muy feliz. Después de cada práctica termino totalmente relajada. Obviamente las preocupaciones existen y están, pero ya no siento mi cuerpo tenso, con nudos sino que estoy oxigenándome mejor. Practico dos o tres veces a la semana y de verdad salgo en estado de “Om…”.

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