Nace Un Torero

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Noviembre, 14 del 2013

 

Desde enero de este año, el joven novillero Andrés Roca Rey (17), vive en Sevilla, España, donde se forma para convertirse en torero. Aprovechamos su breve visita a Lima para conversar con él.


En su álbum familiar hay muchas fotografías que están vinculadas al mundo taurino. En una imagen, Andrés aparece con El Juli; en otra, está en la Plaza de Acho, vestido de corto y con una mirada intensa desafía a un becerro. Su abuelo fue empresario de Acho, su padre es aficionado, su hermano Fernando es matador y él también quiere serlo. Sabe que el toreo lo lleva en la sangre, que es un legado de sus ancestros. 


A los siete años, toreó su primera becerra en la ganadería de Rafael Puga en Pachacamac. Sin embargo, aún más pequeño ya asistía a las corridas de toros.  “Desde chiquito iba al patio de cuadrillas y me llamaba la atención ver a los toreros terminar su faena y haber, literalmente, puesto en riesgo sus vidas. Como otros niños, los miraba con admiración y quería ser como ellos. Para mí, siempre han sido unos héroes”, dice Andrés con una madurez poco común en chicos de su edad.


Y ese sueño de niño poco a poco se está volviendo realidad. Hace diez meses que el novillero vive en Gerena, un pueblo a 15 kilómetros de Sevilla, donde está inscrito en una escuela para toreros. Se hospeda con una familia de picadores, los Quinta, estudia y participa en cuanta novillada puede. Poco a poco, además, se va haciendo conocido y ganándose el cariño de los españoles. En lo que va del año, Andrés ha matado 40 toros, cortado 54 orejas y participado en 24 novilladas en España. Algunos expertos han dicho que tiene el talento necesario para convertirse en el próximo gran torero peruano y que incluso se parece a Joselito. 


Duro Camino
La rutina de Andrés es ardua. Durante el día entrena y asiste a las prácticas de toreo de salón; por las noches recibe clases teóricas. Además, en sus ratos libres estudia en una escuela virtual para poder terminar el colegio. En su laptop muestra los files de cada curso que debe aprobar para graduarse. El joven novillero está consciente de que ha elegido un camino difícil pero sabe que debe seguirlo para lograr su meta. “Aparte de que no es una carrera fácil, tienes que hacerte conocido. Debes dejar a tu familia y aprender a vivir en un país que no es el tuyo; asimilas todo cuando tienes una buena tarde y aprendes a ser mejor cada día. Es solitario pero es lo que hay para poder ser torero”, explica. 


Lo que más extraña de Lima es poder dar un abrazo a sus padres o a sus hermanos en el momento que quiera. Su hermano Fernando le mandó una fotografía de un torero que guarda en su computadora y que resume lo que siente. “El camino es duro, muy duro pero es el camino”. 


Un futuro prometedor
La vida de este joven talento comenzó a cambiar en 2008 cuando participó en un encuentro mundial de escuelas taurinas en México. “Gané el torneo y después de eso me empezaron a conocer un poco más. Incluso el 2010 me volvieron a invitar”, recuerda. En ese evento conoció a José Antonio Campuzano, su actual apoderado, quien es precisamente el que lo lleva a España. “Él ha sacado adelante a muchos toreros y le dijo a mi papá que quería que yo fuera a España a entrenar. Cuando le pregunté a mi mamá, ella me dijo que no, que primero tenía que terminar el colegio”, cuenta Andrés. Sin embargo, desde el 2011 le permitieron viajar a España cada verano, para perfeccionar su técnica hasta que en 2013 partió definitivamente.  


Ahora Andrés está de vacaciones y como a cualquier adolescente le gusta salir con sus amigos y divertirse,  pero nunca se olvida de los toros, incluso cuando camina por la calle repasa los pasos. Le pregunto qué dice su maestro sobre él. “Creo por la experiencia que tiene que ha visto algo en mí pero no me lo ha dicho. Yo tengo una meta: la de demostrarle que eso que ha visto, lo tengo”, responde con seguridad. También, nos da curiosidad saber lo que siente cuando tiene un toro al frente. “Cuando lo miras sientes que hay  una conexión entre ambos, toro y  torero. Le hablas y sabes que te escucha. A veces se tiene pánico pero hay que aguantar. Y una vez que aguantas, sigues”, asegura. 


Hace diez meses que vive en el extranjero pero cuando recién llegó, su primera novillada en España no fue tan bien recibida. “Esa novillada la odié, primero me encerré en mi cuarto pero luego me di cuenta que debía entrenar más. A partir de ahí me comenzó a ir mejor y empecé a triunfar”, explica. Ahora forma parte de unas novilladas televisadas de Canal Sur, un medio español, y tiene varias fechas confirmadas para el próximo año. A estas alturas de su carrera, Andrés es consciente de que si todo sigue saliéndole bien, su vida estará en España. “Muchos de mis amigos me dicen que tengo mi profesión resuelta. Lo que yo sé es que recién estoy en el camino, que no tengo la vida solucionada pero sí la esperanza de ser alguien”, confiesa.

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