La Nueva Vida de Andrea Montenegro

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Enero, 08 del 2014

 

Andrea, que se ha refugiado en el campo colombiano con sus dos hijos y su pareja, volverá a la televisión peruana como conductora de un programa de mascotas. Aquí, nos habla de su transformación.


La entrevista fue pactada para las 10 de la noche. Andrea llega con la cara lavada, sin una gota de maquillaje. Una falda vaporosa y un blusón cubren su menuda figura. Le proponemos un vino pero ella lo rechaza. “Me cae fatal. Desde que tuve a Muriel me comenzó a caer mal, ahora con Amaru es peor”, dice. En cambio, pide un mate y unos champiñones asados. Es vegetariana. No es que Andrea sea otra persona. Es que según confiesa, los años la han hecho crecer y madurar a tal punto que no rechaza su pasado sino que lo acepta como parte de un proceso que la ha ayudado a convertirse en lo que es ahora, una mujer de serena belleza, madre de dos pequeños y que cuida de su hogar con la dedicación de quien ha entendido sus prioridades en la vida. Este año regresará al Perú, cada mes, para grabar el programa de mascotas ‘Hasta las Patas’. Aprovechamos su primera visita para conversar con ella y nos ponga al día.


ΩMuchos te recuerdan como  la bella rebelde, protagonista de varios escándalos. Ahora, sin embargo, eres madre, instructora de yoga y vives en el campo. ¿Cómo así fue tu proceso de cambio?
–A mí me llevaron los ángeles, Dios o la vida, no quiero decir un nombre específico, pero creo que hay una fuerza que te lleva así tú no lo quieras. Si no me hubiera ido del Perú no habría tenido la tranquilidad mental para vivir tantos procesos de cambio. No sé, siquiera, si me hubiera dado la oportunidad de tener hijos. Tal vez seguiría siendo la misma persona que todos querían que fuera, porque siendo así satisfacía su curiosidad.


Ω¿Has sido consciente de tu propio cambio o simplemente te dejaste llevar?
–Fue en parte consciente, pero creo que el cambio no fue violento sino suave y paulatino. Uno sigue siendo la misma persona, solo que va ampliando su consciencia y su conocimiento. La misma maduración y proceso de envejecimiento que sucede con el cuerpo, sucede con la mente y las emociones. Hay mayor conciencia y el carácter se va adecuando a esa sabiduría. 


ΩPero te alejaste de todo y de todos.
–Llegar a Colombia fue un respiro en su momento porque nadie me conocía. Además, allá todas las mujeres son divinas o sea que yo no era la más bonita. Y si saliste desnuda en un medio, no importaba porque todas lo hacen. Lo del campo llegó muy fácil. Un día me aburrí de estar en la ciudad –mi departamento estaba en pleno centro-  llena de humo y donde los robos eran pan de cada día. No quise seguir viviendo así. Quería ver plantas, sentir el sol, desayunar en el jardín. Y me fui. Creo que el trabajo con la tierra, el hecho de sembrar, cosechar y tener mis animalitos, han sido procesos fundamentales en mi vida. Solo así he comprendido que hay muchas cosas más que la prensa, las fotos y la fama. 


Ω¿Crees que en Lima, antes de tu partida, se hablaba más de tu vida privada que de tu trabajo?
–La gente conoce a la figura pública de una forma fracturada. La imagen que se hace de una persona es muy superficial. En mi caso siempre se tergiversó un poco mi historia. Todo el mundo creía que yo vivía de la forma como se me vio un día. Pero en verdad yo no era así. Me pasaron un par de cosas debido a que no tuve las herramientas para manejar mis depresiones, era muy joven. Además, creo que cualquiera que se ha sentido despechado, alguna vez, se ha emborrachado.  


ΩLa diferencia es que tú tenías cámaras alrededor.
–Sí, eso hizo que la gente pensara que yo vivía así todo el día. No era cierto. Siempre he sido una persona poco sociable. Disfruto mucho la soledad, me gusta tener un espacio para pensar y leer. Me gusta mucho leer. Una de las cosas que más extraño de mi vida antes de la maternidad es de poder leer a solas, tomarme un litro de café y leer. Ese era mi gran vicio realmente.


En el 2004, Andrea viajó a Colombia para coprotagonizar la serie televisiva “La viuda de la mafia”. La bella actriz terminó por quedarse en el país cafetero. Dejó atrás su trabajo en el Perú. Hasta ese momento había participado en cuatro novelas y una película.


ΩEn Lima dejaste una carrera bastante prometedora en el mundo artístico. Hiciste modelaje, actuación, conducción.
–Hice muchas cosas que de verdad no me interesaban. Cuando comenzó todo yo era una niña de casa, de Lince, una niña de familia, de papá y mamá súper estrictos, que no conocía la calle porque no me dejaban salir sola. Entonces entré al mundo del modelaje y del medio artístico donde hay de todo, desde trago y drogas hasta fiestas, rumba y romance. Todo junto. Me metí ahí y me dejé llevar en su momento. No me puedo reprochar nada. Es que siento que esta Andrea no sería posible sin la otra Andrea.


Ω¿Tampoco te reprochas el intento de suicidio?
–El sistema presiona mucho al ser humano. Me parece natural querer morirse a veces. Tal vez para mí la muerte no sea algo dramático ni el querer morir sea algo malo. El quererse morir físicamente es una metáfora de algo que le sucede a uno espiritualmente, es como querer volver a nacer, renovarse.


ΩCambiar de plumaje.
–Lo que siento es que la relación con la muerte es permanente y es tan bonita como la relación con la vida. La muerte es hasta positiva. Creo que en ese momento sí me quería morir. Quería ser otra persona, darle paso a algo nuevo. Fue algo de mi vida, parte de mi recorrido. No puedo aborrecer ninguna estación, al contrario, bendita sea esa estación porque me llevó a la otra.


Ω¿Serías la persona que eres ahora sin esas experiencias?
–Imposible porque yo soy todo eso. Soy el teatro, soy el éxito, soy el suicidio, soy el nacimiento, soy la muerte, soy la niña, soy la vida. Son tantas cosas que componen a un ser. Qué bueno que me quise morir porque me morí de verdad. Ojalá que me pueda morir más veces, dejar de ser la que soy ahorita para convertirme en una persona diferente, que pueda abarcar más cosas cada vez. Que el día que me muera físicamente no sea nada del otro mundo.


Madre de dos hijos  –Muriel de 7 años y Amaru de 1–, Andrea le quitó el pie al acelerador de su carrera como actriz para abocarse a la crianza de ambos. Sus pequeños son ahora su prioridad.


Ω¿Dejaste de lado tu carrera de actriz por ser madre?
–No he cerrado las puertas a la actuación. Es un mito creer que uno solo puede tocar el cielo de su profesión cuando tiene treinta años. ¿Por qué no puedo hacerlo a los cincuenta? ¿Sabes que Meryl Streep tiene cuatro hijos? Durante todos los años que los crió se retiró al campo con ellos. Luego volvió a trabajar. Cuando leí esa historia me inspiré. ¿Por qué nosotras nos seguimos violentando al pensar que nuestra carrera acaba a la hora de procrear? ¿Quién dice que a los 50 no será mi mejor momento? ¿Qué tal si a los 60 a lo mejor me gano un premio? En este momento tengo una responsabilidad prioritaria que son mis hijos. 


ΩTe podrían decir que para eso existen las nanas.
–En algún momento, cuando recién tuve a Muriel, hice una novela y tuve que dejarla con una nana. Terminé tan deprimida que me dije: “esto no es lo que yo quiero”. No porque la persona que la cuidaba era mala, sino que me perdí, por ejemplo, de verla caminar por primera vez.  


Ω¿Tienes una vida serena?
–Yo intento estar lo más serena que puedo, lo que no quiere decir que esté descansando en una hamaca. Tengo muchas más cosas que hacer. Estoy formándome como instructora de yoga y me dejan verdaderas tareas. Debo hacer mucho esfuerzo físico y mental. Tengo que ver a mis hijos. A pesar de todo eso estoy en paz porque todo lo he escogido yo, nadie me ha dicho que tengo que ser así.


Ω¿Cómo es tu rutina diaria?
–Me levanto a las 4 de la madrugada y hago yoga. Además doy clases de yoga todos los días durante una hora. Preparo el desayuno, ayudo a Muriel, la llevo a clases, le doy de lactar a Amaru, hago el almuerzo, lavo la ropa, y por la tarde, cuando estoy con toda la familia organizo diferentes actividades. A las 9 de la noche caigo exhausta. 


Ω¿Cómo se conocieron tú y Valery?
–En la casa de un amigo que tenemos en común, haciendo yoga, hace dos años y medio.  


Ω¿Qué te gustó de él?
–En el momento que lo conocí llevaba una vida de mucha introspección. En eso coincidimos. A mí no me gusta la gente muy bulliciosa. Además no necesitaba ponerme un vestido bonito o maquillarme para impresionarlo. Siempre sentí que con él todo fue muy auténtico, muy real.

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