Katerina D’onofrio: Sin Tiempo ni Hora

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Setiembre, 20 del 2017

 

Arma en ristre, Kate viene acumulando buenos títulos en su carrera cinematográfica. Mientras lees esta entrevista, se está yendo a Ecuador a seguir filmando.

Katerina D’Onofrio es una de las actrices más talentosas de su generación. Ha protagonizado una película reflexiva, muy actual y exitosa que evoca los años en que vivimos en peligro, pero nunca antes había conversado con un periodista con tanta sinceridad y de una manera tan fresca y espontánea. Disfrútala.


Entrevista: ÁLAMO PÉREZ LUNA

Fotos: VÍCTOR CH. VARGAS


Katerina D’Onofrio Dibós es flaca, menuda, pelirroja, espídica, maneja una moto y siempre trae consigo una sonrisa. Vamos, cae bien. 


–¿Todo lo que produces en tu vida lo haces a doscientos por hora?

–(Risas) Sí, pero es solo por etapas. Si me comprometo en hacer ciertas cosas, trato de cumplirlas. Trato de ser muy puntual, además. Y soy muy exigente conmigo misma.

–Ha sido un año intenso, lleno de luces, cámara y sobre todo acción…

–Sí. Con ‘La última tarde’ gané el premio a Mejor Actriz en el Festival de Punta del Este en Uruguay y también ganamos el premio al Mejor Guion (Joel Calero, el director) y Mejor Actriz en el Festival de Gramado, en Porto Alegre, Brasil. Y eso es lo máximo, ¿no?


Ha hecho mucho teatro, microteatro, seis películas (‘Las malas intenciones’, ‘La hora final’ y otras) y siete producciones para TV (‘Mi amor el wachimán’, ‘La Gran Sangre II y IV’, ‘La Perricholi’ y otras). 


–¿Cómo surgió el hecho de actuar en ‘La última tarde’?

–Hice un casting y me aceptaron. Fue muy sencillo.

–¿Sabías lo que era Sendero Luminoso? 

–Sí, por supuesto. Viví en Chaclacayo y el contacto con Sendero no era por TV. He visto torres eléctricas caerse en mi cara. Los terroristas para mí eran como una masa negra. Se volaron a un vecino. A los 9 o 10 años yo soñaba que los terroristas se llevaban a mi papá.

–¿Quién era Abimael Guzmán para ti?  

–Era el malo. Ni siquiera quise tratar de entender por qué hizo lo que hizo. 

-¿Para ti Maritza Garrido Lecca era una terruca? 

–Yo creo que ningún tipo de violencia está justificado. Para mí, ha compartido algo equivocado.

–¿Tu personaje de ‘La última tarde’ está inspirado en ella?

–No, para nada. Nunca lo planteé así. 

–Descríbeme tu personaje, por favor.

Laura Gatti es una mujer que nunca mató a nadie, pero vivió en la clandestinidad. Integra el movimiento porque ve que hay una enorme injusticia social. Viene de la clase alta y en Cusco alojaba a miembros del movimiento.  

–Bueno, yo la veo un poco parecida a Maritza.

–Pero cuando ve que todo se está yendo a la mierda, y que hay mucha violencia, que hay mucho de eso de ‘patria o muerte’, se quita, se escapa.

–¿Y lo que sentía por ‘Ramón’ (Lucho Cáceres)?

–Se acaba porque se da cuenta de que él está cegado. 


Katerina es nieta del corredor de autos y exalcalde de Lima Eduardo ‘Chachi’ Dibós (1970-1973) y sobrina de la actriz y productora de teatro Denisse Dibós. Sin embargo, asegura que ninguno de ellos influyó en su crecimiento personal ni en su carrera actoral. 


–¿Cómo empezaste a escribir tu historia artística?

–Contaba chistes en casa (risas). Competía con mi hermano artísticamente y trataba de mostrar ante mis familiares el arte que estaba dentro de mí.


Nació en Lima hace 39 años. Hija de un artista plástico y de una productora teatral. Katerina no tiene hijos, nunca se casó, pero convivió un tiempo con uno de sus enamorados. 


–¿Por qué no has tenido hijos?

Porque no (piensa). Ahora no siento que sea el momento. Y antes, no sé. Creo que nunca tuve la estabilidad necesaria como para ser madre. No solo se necesitan las ganas….

–Que alguna vez tuviste…

–Seguro. He visto todo lo que ha tenido que trabajar mi hermano con mi sobrina y es una locura. Y bueno, ahorita no tengo pareja (más risas).    

–¿Crees en el matrimonio?

Creo en los vínculos afectivos. No creo en un papel.

–¿En la institución matrimonial?

–No. No mucho, pese al vínculo de mis padres, en el que siempre hubo mucho respeto entre ellos. Cada uno tiene su espacio y así funcionan muy bien.


Estudió en un colegio de monjas alemán (“Había mucha culpa”, dice). No es católica. Al egresar tomó talleres de teatro, de narrativa, de fotografía e hizo algo de crónica periodística. Viajó a Europa cuando tenía 18 años, estudió Humanidades y Literatura y se aburrió a mares. Hasta que descubrió la carrera de Artes Escénicas. El profesor Alonso Alegría fue clave para definirse.


–¿Y qué pasó allí?

–Hice un guion de cine y además actué en la universidad. Hasta que me llamaron para un papel pequeño en la serie ‘La gran sangre’. Fui a un casting y Aldo Miyashiro me escogió. Fue una locura. Salía de la universidad, estaba en un taller de Roberto Ángeles y también trabajaba en la telenovela ‘Un amor indomable’.  

–¿Qué tal lo de la telenovela?

–Todo era muy acartonado, era un remake de una telenovela de Televisa. Lo jodido era que no me sentía totalmente formada. En la televisión todo es muy rápido. El proceso es difícil. Lo positivo es que te da oficio.

–¿Cómo te va por dentro?

–No soy muy coordinada. Con las justas camino mascando chicle (risas). No podría hacer una coreografía para El Gran Show (más risas). En algún momento estuve buscando algo que me calme de la bulla que me rodea. No me siento muy cómoda con mucha gente al costado.

–¿Yoga?

Lo he intentado, pero necesitaba más silencio e introspección. Por eso hago meditación. Practico la meditación Samarpan.

–¿En qué consiste?

Es de la India. Lo hago todos los días. Necesito un espacio solitario, una vela y yo. Nada más. Medito hace cuatro años. Lo hago en la madrugada, entre 4 y 5 de la mañana, con los ojos cerrados. Para mí ha sido fundamental.

–¿Por qué? 

–Siento que no solo somos cuerpo. Esta no es la única forma de vivir. Cuando empiezas a conectarte con algo más superior como el alma, lo físico deja de ser tan importante.


Katerina tiene un televisor en su casa, pero nunca lo prende, ha sido agorafóbica (no le gustaba salir de casa o exponerse a las multitudes) y solo ve películas en el cine, jamás en Netflix.


–¿Sales mucho a la calle, a fiestas, conciertos, juergas?

–Antes sí, ahora no. 

–¿A qué artista de rock irías a ver?

Fui a ver a los Rolling (Stones) y a Paul (McCartney). No vería a Sabina ni a Calamaro, pero me encanta la música de Ludovico Einaudi (compositor y pianista italiano).

–¿Fuiste a ver a John Malkovich cuando vino a Lima?

–Sí, lo fui a ver. En un momento bajó del escenario y se puso a hablar con el público. Me vio, se me acercó y me preguntó. “¿Hace cuánto tiempo que no tienes sexo?” (risas).

–¿Manejar moto no es peligroso?

–Me han atropellado un par de veces. Felizmente no fue grave. Y eso me ha servido para ser más prudente.

–¿Cómo te ves en el futuro?

El campo es una linda opción. Creo que la naturaleza es un refugio.

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