Astrid Fiedler: Esperando a la Cigüeña

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Octubre, 15 del 2012

 

A la medianoche del 21 de septiembre, la profecía del terremoto que devastaría al Perú no se había concretado. Para celebrar la continuación de la vida, Astrid Fiedler anunció en su programa ‘A las 11 empieza la noche’, la feliz noticia


En varias entrevistas había declarado sus ganas de ser madre, pero una cosa es decirlo y otra vivirlo. “Sé que es una gran responsabilidad, pero ya tengo 38 años. Estoy grandota y con ganas de asumirlo. Me siento preparada como para que no se me haga pesado, ni sentir que estoy perdiendo parte de mi vida”, nos cuenta.


–¿Cómo lo ha tomado tu familia?

–Están felices. Pero, aunque somos unidos, no tenemos la costumbre de engreír mucho. Más bien me toman el pelo, ¡me dicen ‘La preñada’!


–El equipo de ‘Oh! Diosas’ bromeaba con el tema de que no conseguías pareja. ¿Alguna vez te ha preocupado eso?

–No, soy muy independiente y disfruto mucho la soledad. No soy de las que están solas por un día y no saben qué hacer con sus vidas. Puedo estar feliz una semana encerrada en mi casa, mi propio mundo me gusta y en este soy feliz. A veces tengo que socializar más, es algo que estoy trabajando.


–¿Involucrarte en una relación ya implicaba formar una familia?

–Claro, no quería enamorarme si iba a perder el tiempo. Yo sí quería tener un hijo y se lo planteé a mi novio. La presión no es social, pero sí biológica y una siente que el tiempo se acaba.


–¿Y quién es el afortunado?

–Por respeto a él, no quiero exponerlo. Es administrador, somos muy diferentes. Eso me atrae, porque tiene otro mundo y conocerlo amplía mi manera de ver las cosas.


–Aún no te has casado y vives sola. ¿Piensan convivir en algún momento?

–Todavía no lo sabemos, es un misterio sin resolver. No lo hemos planteado seriamente: yo no quiero dejar mi cueva y él tampoco.

Supongo que algún día me casaré, aunque hasta ahora nadie me ha pedido matrimonio. Sé que algún día me lo pedirán, no lo dudo, pero no es mi sueño dorado.


–¿Tienes apoyo del padre?

–Claro, está ahí aunque cada uno tenga su vida. Y si tengo su apoyo, genial, pero estoy en un momento de mi vida en el que puedo criarlo aunque me encontrara sola. 


–¿No tienes miedo de que a tu hijo le falte una familia convencional?

–Para nada, mi pareja está ahí y quiere a su hijo. No seremos la familia clásica, pero a mi bebé no le va a faltar nada. 


–Eres imponente, en físico y personalidad. ¿Crees que intimidas a los hombres?

–Un poco, creo, quizá por eso me ha costado tanto conseguir a alguien. No creo que sea por mi físico, sino por mi manera de ser. Soy directa y muy inquisitiva. Además, salir en televisión crea una distancia. Pienso que la gente me tiene anticuerpos o alucinan que soy una pituca, aunque después se acostumbran a verme. Sé que soy buena, pero trato de derribar esa barrera. 


–¿Cómo logran conquistarte?

–No creo que sea tan difícil de conquistar, pero mi actitud puede ser una manera inconsciente de defenderme, porque de niña era timidísima. ¡Jamás iba a imaginar que trabajaría de modelo, y menos en la tele!


–¿No eras consciente de tu atractivo?

–Se siente bien cuando ves una foto tuya donde te ves espectacular. De hecho voy a guardarlas para mi vejez, y para decirle a mi hijo: “¡Mira lo que hizo tu madre cuando era joven!”. Aunque pienso que en la televisión hay chicas mucho más lindas y con más ángel que yo, sí sé utilizar lo que me dio la vida. Pero no siento que sea un arma para conseguir lo que quiero.


–¿Piensas hacerte alguna cirugía después de la maternidad?

–Voy a hacer deporte, pero en algún momento de mi vida me voy a reencauchar de todas maneras.


–¿Te has operado alguna vez?

–Las tetas, pero hace algún tiempo. ¡Ya son mías! Las tenía así cuando  estaba en la universidad. Pero el cuerpo cambia, así que me las compré (ríe).


Al terminar la sesión la acompañamos a su departamento en Miraflores, y en el camino habla tan rápido y directo como cuando está al volante de su Peugeot. En el cruce de 28 de Julio con Reducto se cruza con la camioneta de Aldo Miyashiro, cuyo programa ‘Enemigos públicos’ compite con el de Astrid, y la casualidad la lleva a hablar de su trabajo.


“Cuando estaba en la facultad de arte en la PUCP, para mí no existía nada más que eso y todo lo demás me parecía pésimo”, recuerda. “Yo me imaginaba viviendo en Europa, famosa y sin motivos para regresar  al Perú… Pero la vida te enseña a golpes”. Ya que la economía familiar no andaba bien, a los 24 empezó a trabajar de modelo y anfitriona para pagarse un departamento y la carrera. Sin embargo, tuvo que dejar de estudiar y concentrarse en la televisión, a la que incursionó con el magacín de cable ‘Grafiti’. Luego llegó ‘Oh! Diosas’ y, aunque no se considera tan popular, terminó dejándose seducir por la señal abierta.


Sin embargo, su contrato con América Televisión va hasta diciembre del 2012 y no descarta retomar la pintura tras dejar el programa.


–¿Ya sabes quién te va a reemplazar?

–Ni idea, pero quiero decir que el canal me ha tratado como una reina.


–¿Te costó mucho pasar del cable a un programa en vivo de señal abierta?

–Claro que sí, necesito respirar para contarlo… Por estar en vivo he tenido patinadas por las que me han calabaceado. Al comienzo no dormía pensando en alguna burrada que había dicho, pero ya no me atormento. 


–¿No te parece que tu programa peca a veces de sensacionalista?

–En toda la televisión hay amarillismo, no somos los únicos. El público pide morbo: si presentamos una noticia y otro canal la pasa con un enfoque más crudo, entonces la gente cambia de canal.


–Te estás volviendo cínica…

–No, todavía. Aún estoy a tiempo de salvarme, porque es Jessica Tapia quien comenta las notas policiales y hace las entrevistas más fuertes. Yo me encargo más del espectáculo. Me siguen chocando las noticias de crímenes y alguna vez me he preguntado: “¿Qué hago acá, hablando de temas que no son lo mío?”. Pero reconozco que me gusta el programa, y me ha permitido ahorrar lo suficiente como para asumir esta responsabilidad de ser mamá.


–Pero prefieres el arte, ¿verdad?

–Le agarré tirria a la pintura cuando dejé de estudiar arte, pero volver a pintar fue una sanación y presentar la exposición ‘Semilla’ fue como parir. Cuando pospones algo por tanto tiempo, eso va creciendo, y poder hacerlo es liberarte del pasado. Creo que la maternidad será un cambio tan fuerte que voy a tener que expresarlo de algún modo, además que ya es hora de volver a mi mundo haciendo algo más personal que la televisión.


–¿Crees que tu pintura entrará en una nueva etapa?

–En la época de ‘Semilla’ estaba con el tema de los ciclos en la naturaleza, quizá inconscientemente ya estaba buscando ser mamá. Ahora estoy pensando mucho en los arquetipos y la creación, así que seguro saldrá la figura materna en mis cuadros.


–Serás mamá antes que Jessica Tapia.

–Profesionalmente le ha ido muy bien, pero ya es hora de que tenga una familia. Le he dicho que tiene que ser la siguiente.

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