Al Compás de Lourdes

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Abril, 17 del 2013

 

Luego de estar alejada de la escena pública por más de un año, la primera mujer en intentar la presidencia del Perú, vuelve recargada, y asegura estar pasando por uno de los mejores momentos de su vida. Eso sí, la presidencia sigue en sus planes.


Lourdes Flores llegó a la sesión con un sobrio maquillaje y peinado. Al inicio declinó, amablemente, un cambio de look. Sin embargo, luego de ceñirse su vestido de noche negro, y tras la certera frase del maquillador: “Doctora, la inteligencia no está reñida con la belleza”, permitió, aunque cauta, solo un pequeño retoque. Pero poco a poco, la coquetería innata de esta mujer de 53 años, afloró y hasta terminó bailando marinera sobre unos temerarios

tacos aguja.  Lourdes Flores es una de las políticas más notorias del país. Ha postulado a la presidencia dos veces, quedando en el 2006 ad portas de la segunda vuelta electoral. Ahora, tras su reaparición en la escena pública gracias a la campaña contra la revocatoria a la alcaldesa de Lima, Susana Villarán, Flores asegura estar viviendo una etapa de reflexión y de reinvención sin afanes electorales a corto plazo. Pero, como sostiene en la entrevista, en el 2021 buscará tentar otra vez el sillón presidencial aunque, dice con cierta picardía, que de aparecer un galán digno de perder los papeles, dejaría sus planes políticos para lanzarse a la aventura del amor.


–En la carátula de la revista CARETAS (2275) se le vio con otro look y otro aire. También quedó claro su papel para evitar la revocatoria de la alcaldesa Susana Villarán.

–Puesta mi rival en dificultades, yo siento que he actuado nuevamente con responsabilidad. Ella me ganó las elecciones pero soy una demócrata y mi partido también. Decidimos respaldar a la alcaldesa. Por otro lado, me estoy dando un aire personal muy bueno. Lo necesitaba después de 10 años muy intensos, con tres campañas: dos presidenciales, una municipal, más el peso de la conducción del partido. Lo que se está viendo es eso, una etapa más distante de la política, más relax. 


–La vemos más moderna, con una imagen que contrarresta a la de la política conservadora que se tenía de usted.

–Bueno, he adelgazado un poco y los 30 kilos menos ayudan mucho. Decidí bajar de peso por estética, sin duda, pero también por salud. Me operó el doctor Poggi y ya van a ser cuatro años desde entonces, aunque he subido un poquito. Mientras más pasan los años, más sobran algunas cosas y cuelgan otras; hay que meter tijerita por ahí. 


–¿Habrá que recortar algo?

–La lipo tiene que venir. Primero me pusieron la banda. Me fue bien, bajé 15 kilos, pero luego se me rompió. Fue peligroso porque se me pegó a la pared del estómago y me tuvieron que hacer una operación para quitármela. Después me he hecho la manga, donde te cortan la mitad del estómago, con lo cual comes la mitad. Pensé también en hacerme una lipo total. Hasta ahora no me la he hecho, pero ya vendrá porque de todas maneras hay cosas que a una le sobran. 


–Solucionado ese problema, ¿bienvenidas las minifaldas?

–Hace unos días, en la graduación de una sobrina en Boston vi a una gordita bien potoncita, ella se sentía regia pero se le veía un ‘quetejedi’ tremendo. Hace 30 años yo era eso. Soy caderona, entonces hay cosas que no me puedo poner porque no se me vería bien. En segundo lugar, me gustan el negro y el blanco. Los colorinches no me gustan, el contraste de colores en general no me gusta. Prefiero la homogeneidad.


–¿Se considera conservadora?

–He nacido en una familia bien formada, eso me ha dado estabilidad en la vida y soy orgullosa de ser católica. Entonces sí, soy una mujer conservadora, pero junto con eso soy una mujer con una tolerancia enorme, de respeto por el otro, absoluto.


–La progresión de su look desde que empezó en política ha sido notable.

–Cuando empecé en la política tenía unos anteojotes enormes. Me operé y ahora veo maravillosamente bien. Arranqué, además, con un pelo bastante más rojizo, no sé por qué. He ido bajando el tono y el reciente toque de un buen amigo, Coco Cáceres, recomendado por Beatríz Merino, me ha hecho mucho bien. He pasado por un buen laceado brasileño, por cierto, y me he cortado un poco el pelo.


–Se podría decir que antes lucía como la chancona de la clase.

–Sí pues, tampoco voy a cambiar mucho en eso. El rojo es un color que me encanta, pero cuando me lo he puesto no me gusta como me queda, en ese sentido soy una persona poco llamativa. Entrar a un lugar vestida de fucsia y que todos volteen no me nace.


–Curioso, porque en estos diez años ha buscado ocupar cargos que implican que todo el país voltee la mirada hacia usted. 

–La política hoy en día es imagen y percepción. Ambas se han convertido en elementos más fuertes que el propio pensamiento y la reflexión. Cuando ves la televisión, en realidad, no escuchas ni piensas mucho, sino que ves imágenes. Yo soy consciente que me hubiera sentido más contenta como política en los años cincuenta. Reconozco que si en algún momento aspirara a una nueva candidatura, que podría ocurrir, voy a tener que pensar en los pasos que no se deben dar porque ya aprendí la lección.


–Yo creo que ya estamos en ese camino, doctora.

–Pero no para el 2016. Nadie me lo cree, pero lo estoy diciendo con total convicción.


–¿Por qué?

Porque me he dado a mí misma un tiempo de 10 años. He dejado la presidencia del partido en el 2011. Podría pensar en algo, eventualmente, en el 2021. Si quisiera candidatear en el 2016, ya tendría que estar recorriendo todo el Perú. No lo estoy haciendo porque estoy en una etapa personal, de reflexión, de trabajo profesional.


–Y en esa reflexión, el tema de no haber sido madre y ser criticada por ello, ¿está presente?

–La imagen clásica de un político, o de un aspirante a la presidencia, era la de un varón, casado y con hijos, pero de pronto aparece una mujer, soltera y sin hijos. Entonces, era como la antípoda de la imagen clásica. Sin embargo, ha habido enorme generosidad conmigo porque mis votaciones no han sido nada desdeñables. Si ser mujer y soltera era ya una dificultad, no ser madre fue una cosa fuertísima y los adversarios le dieron durísimo al tema. He tenido campañas en radio en provincias donde decían: “Esa mujer no es completa porque no sabe lo que es ser madre”. Y es curioso porque yo tengo un sentimiento maternal enorme. Me hubiera encantado ser madre. 


–¿Por qué no llegó a serlo?

–Porque primero me realicé yo como mujer, y aunque me hubiera encantado ser madre y estoy segura que lo hubiera hecho maravillosamente bien,  no hubiera querido darle a un hijo una familia incompleta. Admiro a las madres que son solteras porque sé que están haciendo un papel extraordinario. Sin embargo, para mí ese hogar completo de padre y madre es muy importante. 


–¿Por qué no estuvo en la capacidad de entregar ese completo?

Porque faltaba pues el varón.


–¿Pero, por qué faltó ese varón?

–El tema de la pareja, eso es más complicado. ¿Me hubiera gustado tener una pareja? Sí, por qué no. Me hubiera gustado casarme y ser muy feliz. Cuántas amigas mías en el mundo que son políticas, están casadísimas. Esa teoría que la política te quita tiempo es mentira. Pero no tengo una explicación del porqué yo misma no me he dado el tiempo y el espacio necesario para tener una pareja estable.


–¿Y de jovencita?

–Sí, he tenido enamorados, pero nada serio.


–¿Alguno que le provocase decir: con este paso el resto de mi vida?

–No, no. Era demasiado mocosa. No tengo una relación de pareja desde que podía seriamente pensar en ella.


–¿Pero qué les pasaba a estos pretendientes que no daban la talla?

–O yo misma. Tengo amigos queridísimos y relaciones de amistad de mucho tiempo. Quizá he sido en ese sentido demasiado fraternal, demasiado hermana, y menos pareja.


–¿Cómo era de más joven, práctica o romántica?

–Práctica. Era deportista. Así como hoy me ves tan metida en la política, durante unos años el deporte era mi vida. Jugaba básquet en el Club Regatas y compartíamos en la playa. Éramos un grupote. Incluso había chicos con los que he estado y que jugábamos básquet, pero ¿por qué no se desarrolló la relación? Quizás porque era una cosa que compartías casi de igual a igual, sin ese encanto del enamoramiento.


–¿Sigue siendo amiga de sus ex?

–Sí, a algunos los veo. Hay un ex que ya no vive aquí, sino en Alemania y que de tiempo en tiempo escribe, viene con la esposa, los hijos, y ¿qué voy a hacer? ¡Estoy resignada! Pero es una linda amistad.  


–¿Y si ahora encuentra al hombre de su vida?

–Quién sabe. Yo soy una apasionada, así que si encontrara al hombre de mi vida, se van todos los planes de política y ¡la lipo viene de todas maneras!


–¿Un hombre podría hacerle cambiar la decisión de seguir en la política? 

–Podría ser. Lo he dicho, yo soy una mujer apasionada. ¿Qué yo sería capaz de dejar toda esta cosa tan ordenada, tan supuestamente planificada de mi vida por una aventura? ¡Ah, sí! Podría decir, chau, se acabó.


–Les diría que se queden con sus elecciones.

–Sí, pero no repetiría mi frase del ‘Poto Audio’. 


–¿Y en qué anda ahora, doctora? 

Ahora me estoy dedicando a una cosa bien simpática. En el año 1983 me fui a España y entonces hice un doctorado en derecho, luego me vine al Perú y nunca hice mi tesis, por lo que no soy doctora en derecho. Indagué y descubrí que ahora necesita pasar por una maestría que yo nunca hice para ser doctora. Por todas estas razones estoy estudiando en la Universidad Católica una maestría en Política Jurisdiccional, razón por la cual voy dos veces por semana a clases.


–¿Y qué tal sus compañeros?

–Son chiquillos, yo soy la tía de la clase. Al final de ciclo hice una comida en mi casa e invité a todos mis compañeros. No sabes lo bien que la estoy pasando al regresar a la universidad y estudiar en grupo.


–¿Cuando se tenga que graduar de la maestría se va a meter una bomba como la vez que se graduó de la universidad?

–Ah, estás enterada de esa historia. De repente, ¿ah?


–¿Cómo empezó esa jarana?

–Ahí están mis cuatro amigas, Ana María Capurro, hoy gerenta general del Instituto San Ignacio de Loyola; Lili Castro, una destacadísima abogada; Mariela Guerinoni y Mari Carmen Tovar, que es una trome del estudio Echecopar. Estas malandrinas. Yo fui la primera en sustentar mi tesis porque la hice en el último semestre, así que a los tres meses de habernos graduado era ya abogada. Cuando terminé de sustentar mi tesis, organizaron una ‘Pijama Party’. Durante varias horas y en torno a una mesa jugamos un juego de dados llamado Toby, en el que de todas maneras perdías. Yo era la premiada.


–¿Y qué tomaban?

–¡Cerveza! ¿Qué más íbamos a tomar? A eso de las dos de la mañana, muertas de hambre, nos pedimos unas hamburguesas. Al comerlas me vino una borrachera y descomposición atroz. Me quedé muerta. Mis amigas recuerdan riéndose que cuando desperté dije: “Llamen a mi papá y mi mamá”. Era muy engreída.


–¿Habrá fotos?

–Espero que no. Fue en la casa de Lili Castro, en Lince. Si se filtran, ya sabemos.


–Hablando de filtraciones, lo del ‘Poto Audio’. ¿Quién en un momento de frustración no ha dicho lo mismo?

–¡Fue una barbaridad! Primero el que tuviéramos durante tres meses una grabadora en el poste de mi casa, y segundo, me parece terrible que hasta la fecha la Policía no dé pie con bola en la investigación. Yo ya me cansé. Por otro lado que te persigan 24 horas al día y lo más grave es que te oigan decir ‘poto’.


–¿Sus padres fueron una gran influencia para usted?

–Mi familia a mí me ha marcado la vida. Mi mamá, que la perdí en 1999, yo te diría, sin ninguna duda, que fue mi mejor amiga. Tenía enorme sentido común, era de una prudencia extraordinaria y una mujer tan comprensiva. Lástima que no pude vivir esta etapa de madurez con ella. Era una maravillosa mujer. 


–¿Y con su padre?

–Con mi papá me ha tocado vivir una experiencia muy linda de padre-hija que no mucha gente entendía suficientemente. Era una relación muy cercana, siempre ha sido así porque siempre teníamos aficiones muy comunes. Hemos coleccionado juntos estampillas, monedas y a los dos nos encantaba viajar. Él me acompañó a todos mis viajes por el Perú. Siendo diputada decidí recorrer todo el país y nos hicimos juntos el Perú entero. Él era un magnífico chofer de carretera. Pero hemos ido en carro, en bote, en burro, avioneta. Un día decidimos hacer juntos cosas raras, por ejemplo viajamos juntos a Kuwait, a Mongolia, viajamos a Australia y de ahí a Tasmania, a las islas del Pacífico. El último viaje que hicimos juntos fue a Letonia, Lituania, Estonia y a Japón, que fue el último. También fuimos a China y a Egipto. Hicimos recorridos raros y descubrimos esta afición a la aventura. El pobre sufrió mucho porque le reprochaban la frase “El auquénido de Harvard”. Le dieron una connotación racista que no tenía. 


–¿Se arrepiente de algo?

–Me hubiera gustado ser madre. Pero tengo una tranquilidad personal muy grande y si, como espero estos años, termino el tránsito y pego finalmente un último salto en política, me sentiría muy realizada. He tenido la aspiración de gobernar el Perú y es una cosa que tintilinea en mi vida. Es un reto.

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