Te Quiero, Pero No te Necesito

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Diciembre, 13 del 2012

 

Muchas parejas soportan desde la rutina hasta el maltrato pensando que, de terminar, no volverán a encontrar el amor. El psicólogo Walter Riso explica esta situación y la compara con una relación saludable.


“Yo sin su amor no soy nada”, reza un bolero cortavenas. Si usted es de aquellas personas que se emocionan escuchando letras como esta o, peor aún, de las que se sienten identificadas con ellos… ¡Cuidado! Corre el riesgo de estar en el inmenso grupo de gente que no sabe amar sanamente.


Hay que entender que para amar de manera saludable, aunque suene retórico, uno tiene que comenzar por amarse a sí mismo y saber que la felicidad no depende de alguien o de algo externo. La felicidad está dentro de nosotros.


“Hay que tener la capacidad de estar con alguien, sin sufrir por ese alguien y tener una cierta predisposición a la renuncia, sabiendo que si las cosas se acaban, se acaban y por eso la vida no se detiene”, nos dice Walter Riso, el famoso psicólogo colombiano, autor de más de una decena de libros de autoayuda.


Estar conscientes de que nada es para siempre, no solo ayuda a tener una relación sana con la pareja, sino que hará que sea mucho más fácil renunciar a ella, si en algún momento se convierte en una relación tóxica. 


“Uno tiene que renunciar a una relación cuando pasan tres cosas: o no te quieren (algo que suena fácil, pero no lo es); o va en contra de tus principios; o esa relación es un obstáculo para tu autorrealización. Pero, ¿cuándo sabemos que las cosas empiezan a fallar? Cuando sabes que debes cortar y no lo haces, o te maltratan y sigues ahí porque piensas que nadie más te va a querer, o por temor a la soledad”, explica Riso.


 "NO PUEDO VIVIR SIN TI"

Estamos acostumbrados a decir o esperar que nos digan cosas como: “No puedo vivir  sin ti”, “Lo hago todo por ti”, “Eres mi vida entera”, “Si te vas, me muero”. Son las frases más románticas que se nos ocurren, pero si pensamos bien en el contenido de estas frases, nos damos cuenta de que estamos transmitiendo un amor enfermizo. Walter Riso dice –medio en serio, medio en broma– que se deberían prohibir los boleros porque son un peligro contra la salud mental de quienes idealizan un amor así.


“Es mucho más bonito decir: ‘No te necesito, pero elijo estar contigo’, ‘Puedo compartir la vida contigo, pero no por necesidad, sino por libre elección’, o la que encierra todo esto: ‘Te amo, pero no te necesito’”, asegura el doctor. “Necesitar no es bueno. Necesitar es depender y todas las dependencias o adicciones con las que te vinculas son dañinas. Adicción significa estar sometido a un amo y el amor es todo lo contrario, el amor es libertad”.


Durante años hemos escuchado que el amor es dar sin esperar recibir y, en nombre de esa premisa, nos pasamos de tontos. Según Riso, el amor debe ser recíproco: “Si tú eres fiel, esperas fidelidad. Si das amor, esperas amor. Si das sexo, esperas sexo. Tiene que ser así, porque si yo doy, doy, doy y tú no me das, pues nuestra relación está desbalanceada y una relación de pareja debe ser democrática, una relación de pareja debe ser digna ante todo”.


Claro, si pensamos en los matrimonios de los tiempos de nuestros abuelos, que duraban “para toda la vida”, nos vendría la pregunta: ¿se amaban más? No necesariamente. Aunque suene duro, muchas parejas de aquellos años simplemente se soportaban. Pero ahora, con la posmodernidad y la autonomía, que ya es un valor, la gente sabe que no tiene por qué aguantar nada. 


“Soportar a la otra persona no es saludable”, sostiene Riso. “El amor tiene tres patas: eros, que es erotismo; filia, que es amistad; y ágape, que es cuidar al otro. Hay parejas que logran tener las tres durante muchos años. También hay parejas que se aguantan y eso está mal: soportar a alguien no es una relación de pareja saludable, porque el amor no tiene por qué ser sacrificio, tiene que ser alegría. Si no es así, estás con la persona equivocada o en el lugar equivocado”.


Y ahí es donde entra el concepto de apego, ese sentimiento que tarde o temprano traerá sufrimiento, porque de una u otra manera controlará tu vida. A menudo se confunde con el amor y lo peor es que, muchas veces, ni siquiera es el apego a una persona sino a una idea, por ejemplo a la idea de tener pareja. 


Riso es  tajante en cuanto a este concepto y asegura: “El apego corrompe porque te hace negociar con tu dignidad, te hace negociar con tus principios, te hace  negociar con tus códigos, con tal de no perder la fuente de tu apego”.


Ante todo hay que ser realista: cuando ves la realidad tal cual es, tiene la propiedad de curarte. Sin engaños, sin autoengaños, sin sesgos, sin interpretaciones erróneas. Hay que ser realista hasta para recordar una relación, que ya terminó, con las cosas buenas y las cosas malas. No es fácil  porque procesamos la información a través de nuestros esquemas o el  estado emocional, pero es necesario hacerlo para poder decir con tranquilidad: “Esto ya se acabó y queda en el pasado, la vida continúa”.


Pero, ¡cuidado! El desapego tampoco significa indiferencia. La idea de no apegarse no significa no tener relaciones, sino tenerlas sin preocupación. Es no tener miedo de dar cariño: me vinculo sin miedo a perderte. Me vinculo sin identificarme totalmente contigo. Te cuido, pero no soy obsesivo. Y otra vez: te quiero, pero no te necesito.

Desapegarse sin anestesia

En el último libro del psicólogo colombiano Walter Riso, titulado ‘Desapegarse sin Anestesia’, él afirma: “Somos dependientes de una persona cuando pensamos: “Si la pierdo, mi vida no tendrá sentido”. Y somos personas emancipadas (autónomas) o desapegadas cuando pensamos: “Si estoy con esta persona, disfrutaré de la relación mientras la tenga, pero si la pierdo, no será el fin del mundo ni se acabará la vida, así me duela”. En el desapego sigo adelante, no me deprimo, ni me dejo abatir por la pérdida. Sencillamente sigo adelante.


Amar y relacionarse con los otros desde una actitud de desapego es hacerlo  con respeto y libertad. Me interesan las personas, pero no me esclavizo ni destruyo mi valía personal. ¿Qué doy a los demás si no me quiero a mí misma, ni me valoro? No se trata de prescindir de la gente, sino de acercarse a ella sin maltratar ni maltratarse. Sin ser servil, sin miedo, sin humillación, sin la carga de la dependencia”.

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