Perdonar es Divino

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Julio, 05 del 2014

 

Luego de una gran decepción amorosa –ya sea que la pareja se reconcilie o no– hay que aprender a liberarse, y para siempre, de los sentimientos negativos.


Cuando a uno le rompen el corazón o le falla esa persona en la que se ha depositado toda la confianza, es fácil dejarse envenenar por el rencor y en algunos casos hasta por el odio pero hay que tener en cuenta que, como bien se afirma: “El odio hace más daño al que lo siente que al que lo genera”.

Es verdad, ese sentimiento negativo solo perjudica al que lo siente porque, muchas veces,  la persona a la que se odia ni siquiera se entera, mientras que uno se hunde en ese sentimiento, estanca su vida y no puede seguir adelante.

Hay quienes dicen, inclusive, que odiar a una persona o situación es una forma de odiarnos a nosotros mismos. Además, si se tiene ese sentimiento arraigado, que solo te trae malos recuerdos y angustia, es poco probable que se pueda ser feliz.

Cada suceso que se perdona es una suerte de alivio. Como si se cayera una piedra de una mochila que se lleva en la espalda. La Madre Teresa de Calcuta decía: “El perdón es una decisión, no un sentimiento, porque cuando perdonamos no sentimos más la ofensa, no sentimos más rencor. Perdona, que perdonando tendrás paz en tu alma y la tendrá el que te ofendió”.

 “Perdonar es todo un proceso”, asegura por su parte el psicoterapeuta Manuel Saravia, director del Instituto Guestalt de Lima. Y agrega: “Dejar el pasado en el pasado, recordar sin sentir dolor no es tan fácil como parece. Pero para perdonar hasta llegar al punto de desearle el bien a la persona que nos ha hecho daño, hay que entender que esa persona es un ser humano que comete errores”.

¿Borrón y cuenta nueva?

En las relaciones de pareja, cuando uno de los dos falla, solo quedan dos opciones: seguir intentando una vida juntos o terminar la relación. En ambas alternativas, no obstante, es necesario perdonar, pues no hay otra forma de cerrar la herida que sea.

Después de una infidelidad, por ejemplo, lo que pierde quien la comete es su credibilidad y esta no es tan fácil de recuperar. 

“No se trata de hacer borrón y cuenta nueva, sino de que cada quien asuma su responsabilidad.  La pregunta que tiene que hacerse la víctima es si está dispuesta a continuar adelante a pesar de lo sucedido. Y no se trata de que se olvide de las cosas, lo que es imposible, sino de que las vea como un aprendizaje, como una experiencia que en su momento generó una crisis y nada más”, explica el doctor Saravia. 

Apostar por una nueva oportunidad tiene, necesariamente, que significar un compromiso de las dos personas que forman una pareja. Ambas deben trabajar sobre los factores de protección, analizar qué los llevó a esa situación crítica y asumir, cada uno,  su responsabilidad, que no necesariamente es igual. Uno siempre es más responsable de lo ocurrido que el otro, pero los dos deben ser conscientes de eso antes de iniciar un tiempo nuevo. 

Un detalle más: si bien es cierto que después de una decepción siempre pueden quedar dudas, estas no se despejan averiguando detalles de lo que pasó. Es un error muy común desear tener toda la información sobre una infidelidad. Pero lo cierto es que cuanto menos se sepa, menos daño se hace y es más fácil perdonar.

Sin rencores

La otra opción después de un engaño, de una infidelidad o cualquier decepción grande es la de no seguir adelante y dar por terminada la relación. Sin embargo, eso no significa que el resto de su vida la persona herida seguirá rumiando su rencor y odiando al otro. Eso no es sano.

“El rencor no solamente daña a las personas a nivel psicológico sino que afecta otras áreas de sus vidas y las aleja de todo lo bueno que les pueda suceder. Le cerrarán las puertas al amor y tendrán una pésima relación con sus hijos, hermanos o padres”, dice Manuel Saravia.

 “Hay que tener mucha madurez emocional –continúa el especialista– para entender que, al final, el resentimiento solo le hace daño al que lo siente. Tampoco debemos exigirnos desearle lo mejor al otro, basta con no odiarlo,  no vivir en la amargura y tomar distancia, sobre todo, del hecho que nos hizo sufrir. Así de simple”, finaliza el director del Instituto Guestalt de Lima.

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