El Cuento de la Media Naranja

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Marzo, 14 del 2013

 

“Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja y que la vida solo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos dijeron que ya nacimos enteros. Que nadie en nuestra vida merece cargar en sus espaldas, la responsabilidad de completar lo que nos falta”. John Lennon


La mayoría crecemos pensando que en algún momento mágico de nuestras vidas encontraremos a la persona que llene todos nuestros vacíos, que cubra todas nuestras carencias y resuelva todas nuestras necesidades. Le llaman “media naranja”, una suerte de otra mitad que, según se cree, nos completará como si fuésemos media persona.


Desde ahí el asunto empieza mal. No podemos andar por la vida frustrados y sintiéndonos incompletos, buscando tontamente a nuestra otra mitad. ¿Qué pasaría si esa otra mitad está en Tailandia? ¿Cuáles serían las probabilidades de encontrarla? o ¿Qué pasaría si tu media naranja no te encontró a tiempo y ya está emparejada con una media mandarina o una media toronja?  Suena, por decir lo menos, demasiado limitante.


Por otro lado, ¿qué vendría a significar ser la otra mitad? ¿Una persona que piense, sienta y actúe exactamente igual que de nosotros? ¡Qué aburrido! Estoy segura que en esas parejas donde los dos tienen los mismos gustos, aficiones e ideas políticas, una de las partes está anulada y se limita a seguir como un carnerito todo lo que dice el otro. 


Lo grave es que, si creemos en esto de la media naranja, quiere decir que estamos pensando que necesitamos de otro ser para que nos complete como personas. Comenzamos entonces a descuidar nuestro yo individual, olvidando que nadie más que nosotras mismas somos responsables de nuestra felicidad.


Ante todo, debemos repetirnos: “YO tengo que aprender a superarme a mí misma, aprendiendo de mis vulnerabilidades y afrontando situaciones por mí misma. En fin, creciendo, madurando, transformándome en una persona valiente y, sobre todo,  autónoma”. Cuando nos sintamos completas y únicas, estaremos listas para amar a otra persona, también completa y única: no a alguien que se sienta la mitad de otro.


DEL MITO A LA VERDAD

Toda esta leyenda de la media naranja viene de un cuento de la antigua Grecia que sostenía que, en un principio, la raza humana era casi perfecta. Los seres eran esféricos como naranjas y tenían dos caras opuestas sobre una misma cabeza, cuatro brazos y cuatro piernas que utilizaban para desplazarse rodando. 


Eran extremadamente poderosos, tanto que, creyéndose dioses, desafiaron a Zeus, quien como castigo los partió por la mitad con un rayo, por lo que los seres andaban tristes e incompletos. Por ello  Zeus se compadeció y ordenó que se les girase la cara hacia el mismo lado donde tenían el sexo: así, cada vez que uno de estos seres encontrara a su otra mitad, tendría placer y descendencia.


Afortunadamente, la realidad es otra. Lo mejor es no dejar pasar las oportunidades que se presenten en el camino. ¿Acaso existe alguien perfecto? ¿Acaso nosotros lo somos? Por estar en el afán de encontrar a la persona perfecta que nos complete, podemos perder la oportunidad de conocer a otra persona con quien si logremos disfrutar del amor intensamente.


Quizás el secreto esté en aceptar las diferencias que tenemos con la pareja que nos tocó. El psicoterapeuta Tomás Angulo asegura que debemos sentirnos satisfechas si hay necesidades coincidentes, pero también debemos aprender a respetar aquellas con las que estamos en desacuerdo.


“Casi todas las parejas tenemos diferentes necesidades y esas diferencias nos hacen pelear, porque creemos que deberíamos ser coincidentes para ser felices. No es así, lo ideal para que cada uno siga siendo quien es, es que ambos mantengan su espacio. Ser pareja no significa estar pegado el uno al otro, como si uno fuera el apéndice del otro. Ser pareja es compartir, pero también dejar que el otro se desarrolle y crezca como ser individual”, nos dice.


Y es que si uno de los dos siente aquello de “sin ti no soy nada” o “me muero si te alejas”, ese es un amor mal entendido.


Sin embargo, algunas personas tienen la necesidad de que el otro debe ser parte de él o ella, y así viene aquel conflicto de “si me quisiera sabría lo que pienso y siento”. Claro, están convencidas de que si es su otra mitad, es tácito que lo sepa. No les entra en la cabeza que puedan existir pensamientos distintos que los alejen.


“En términos generales, una relación funciona bien cuando ambos tienen una necesidad equivalente de amor y  pertenencia. Esa necesidad determinará cuánto tiempo pasan juntos y cuánto tiempo necesita cada uno para sí mismo”, sostiene Angulo.


Si  no respetamos a la pareja como individuo, si buscamos convertirla en una parte de nosotros pensando que su única función es complementarnos y hacernos felices, es muy probable que lo que pensamos que sería nuestra media naranja, se convierta en un medio limón y nuestra relación se vaya tornando cada vez más ácida, hasta resultar insoportable.


En resumen: no somos la mitad de nada ni de nadie. No deberíamos conformarnos con buscar una media persona, sino una bien completita a la cual, si sentimos que vale la pena, tendremos que aceptar con virtudes y defectos.

Tips para seguir siendo uno dentro de una relación


Que cada uno tenga su propia vida, la nutra y la disfrute.

Darse espacio y dar espacio al otro.

Hablar desde el “YO” y no desde el “TÚ” (acusatorio).

Saber pedir perdón sin humillarse y perdonar sin aprovechar para humillar.

Entrega y, a la par, libertad. Comprensión y tolerancia.

Responsabilizarse de la propia felicidad.

Aceptación del otro como ES y no como nos gustaría que fuera.

Asumir errores y responsabilizarse de lo que uno ha hecho o dicho.

Reconocer dónde se han equivocado.

10· Poner límites: decir “NO, basta, no puedo darte eso”.

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