10 Síntomas de la Crisis de la Mediana Edad

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febrero, 27 del 2013

 

Rejuvenecidos a base de deporte y cosmética, los cuarentones salen 

a la conquista de la noche vestidos como modelitos veinteañeros

 en encarte de domingo. 

A punto de entrar a la base cinco, varias víctimas se aferran a los últimos vestigios de la juventud. Si ha caído presa de alguno de estos síntomas, ¡tenga cuidado!


1 Que sí, que no. El gusanito de la disconformidad es la primera señal de la crisis de la mediana edad. El banquero se pregunta por qué no estudió pintura en Bellas Artes, el hombre de familia se arrepiente de no haber hecho ese viaje a tierras lejanas en su soltería, y a quien compró su casa en el corazón de la ciudad lo invade el remordimiento de no vivir en la playa con eterna vista al mar. Entre tanto lamento, decide que hay que actuar ahora o callar para siempre.    


2 Cartas amarillas. Cuando su mujer lo grita, vuelve el primer amor a su  memoria y lo invade el deseo de saber qué ocurrió con aquella muchachita. Se enfrentará a múltiples desalientos luego de marcar su número hallado en las Páginas Blancas. Por ejemplo: a) está felizmente casada con hijos, b) se mudó al extranjero para no volver, o c) los ochenta kilos de sobrepeso que ella luce hoy liquidan el flechazo al volverse a ver.       

     

3 Pásame la botella. Descorazonado, cae en la cuenta de que Johnnie Walker es el único terapeuta capaz de entenderlo. Bebe y bebe y vuelve a beber, cual pez en el río del popular villancico. Y cuando se da cuenta de que las penas lo han hecho secarse hasta el agua del florero, se mira en el espejo y emite su resolución de ir en busca del tiempo perdido.  


4 El deportista tardío. Allá por los años de colegio, mostrar la constancia médica firmada por mamá o hacer un yeso de papel maché en la clase de arte, eran tácticas para salvarse de esa tortura llamada educación física. Hoy, los desesperados quieren transformar el mondongo en músculo. Matriculados en el plan vitalicio de un gimnasio, ellos sudan la gota gorda entre fierros y suplementos, al tiempo que las señoras se menean en las clases de danza árabe. No lograrán verse como los concursantes de ‘Combate’, pero al menos iniciarán una vida más saludable. 


5 De tintes y cremas. Sin entender que un hombre mejora con el tiempo, el caballero en cuestión recurre a medidas extremas, como el tinte para taparse las canas. Por su parte, la mujer en crisis se convierte en adicta a las cremas, el bótox, y extremas cirugías que poco tienen de estéticas. De seguir estas alternativas, se recomienda discreción: por ejemplo, no teñirse con un producto que se evidencie a la primera gota de sudor.


6 ¡Qué empiece la juerga! Rejuvenecidos a base de deporte y cosmética, los cuarentones salen a la conquista de la noche vestidos como modelitos veinteañeros en encarte de domingo. No han pisado una discoteca desde que ‘El Escarabajo’ estaba en todo su esplendor, pero apenas hacen su ingreso ya se transforman en el alma de la fiesta, al son de trance y reggaetón. Todo ello para constatar, tomándose a la mañana siguiente una sal de frutas sin efecto, que los años pasan factura.  


7 Viejos traviesos. Son los hijos quienes dan la hora y los padres, aburridos de tanto almuerzo de exalumnos y té de tías, quieren formar parte de la última generación. Papá se aprende al dedillo la jerga del verano y, poco a poco, termina soltando gallos en la banda de garaje que su engreído tiene con los amigos del barrio o jugando fulbito con sus sobrinos. Las doñas, en cambio, se entrometen en los pijama parties de las hijas, para contar con lujo de detalles anécdotas que merecen tener como música de fondo las baladas de ‘La hora del lonchecito’. 


8 El color del dinero. A esa edad empieza el despilfarro y son capaces de tirarse la plata para la matrícula del colegio en un convertible colorado, con el que levantarán polvo en las carreteras del sur. Ellas tampoco se libran de la comezón de la mediana edad y asaltan la tarjeta de crédito, con tal de hacer suya esa joya y los vestidos con los que fantaseaba al otro lado de la vitrina. Ahora o nunca, pues. 


9 Amores de otoño. Aquellos que optaron por el divorcio como solución para la vida nueva, salen en busca de sangre joven. Los sugar daddies van a la caza de una rubilinda a quien engreír, mientras que las famosas cougars esperan pescar en el mar a un surferito de cuerpo escultural que las sacuda, de una vez por todas, de esos años perdidos junto a esa reliquia prehistórica que tenían como marido.  


10 Haz clic en ‘Me gusta’. Cuando estos muchachones descubren ese vicio llamado Facebook, se pasan la vida colgando fotos para pregonar entre sus contactos la segunda oportunidad que se han permitido. El bólido descapotado, la rumba con el club de las divorciadas, y el paseo en yate donde se exhiben descamisados o en bikini, son algunas de las evidencias que dan fe de la resurrección.

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