José Carlos Yrigoyen

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Diciembre, 29 del 2016

 

José Carlos Yrigoren / Foto: Javier Zapata.

El escritor y crítico literario presentó este año la novela Orgullosamente solos, en la que hace un recorrido por la historia de su abuelo, Carlos Miró Quesada Laos.


Cuenta, además, que prepara una nueva publicación sobre “la patria perdida, la difícil relación con la madre y el dolor como compensación sexual”. Mientras ese proyecto se materializa, lo veremos en las pantallas de Tv Perú, junto al periodista Alonso Rabí, presentando el programa literario ‘Entre Libros’ a partir del 21 de febrero. Yrigoyen, en principio, se encargará de las entrevistas a los jóvenes escritores con nuevos lanzamientos. 


–¿Cómo pasas tus días?

–Trabajando. Después de trabajar vivo: es decir, leo, escribo, me preparo un trago, juego con mi hija. Luego trabajo y después vuelvo a vivir.

–¿Te resulta fácil estar ante cámaras?

–Más fácil que antes. Gracias a Gianfranco Brero, quien me hizo el coaching, he pasado de ser un titubeante muñeco acartonado a un tipo que puede comunicar algunas cosas por televisión. 

–¿En qué proyectos literarios estás trabajando?

–En una novela sobre la patria perdida, la difícil relación con la madre, el dolor como compensación sexual. 50% autobiográfica, 50% ficción. 

–¿Cómo definirías este año políticamente?

–Como el prólogo a un largo periodo de debilidad y desestabilización que nos promete cinco años más de estancamiento político y de incapacidad para comprendernos y reunirnos. 

–¿Qué estás leyendo en estos momentos?

–Estoy releyendo a fondo la poesía de Rodolfo Hinostroza.

–¿Cuál es tu logro más importante a nivel profesional?

–Haber escrito los libros que me hubiera gustado leer cuando era adolescente.

 –Un defecto, una virtud.

–Defecto, una ingenuidad que se confunde con malicia. Virtud, una ingenuidad que me ha protegido de la malicia.

–¿Cuál ha sido tu cambio de look más radical?

–Los veinticinco kilos que subí en los últimos quince años.

–¿Cuál es el objeto que más tiempo lleva en tu mesa de noche?

–Libros que he leído cien veces y me acompañan siempre.

–¿Qué costumbre debería quedar definitivamente en desuso?

–Arrojar papeles por la ventanilla del auto, acelerar el auto para apurar a los peatones en las esquinas y los festivales literarios.

–¿Qué ventajas tendría ser del sexo opuesto?

–En el Perú, ninguna. Hay que ser muy valiente para ser mujer en este país. Yo carezco del coraje suficiente.

–¿Cuál ha sido el papelón más grande de tu vida?

–Son muchos, algunos muy humillantes y están pertinentemente guardados en el cajón del olvido. Dejémoslos ahí.

–¿En cuál de los siete pecados capitales caíste últimamente?

–La gula, la lujuria, la gula, la lujuria. La soberbia. La gula. La lujuria.

–¿Qué consejo, lección o enseñanza quisieras dejar a tus hijos? 

–En este mundo competitivo, solo quiero que mi hija aprenda a sentir compasión y alegría. Lo demás viene solo. 

–¿Cuál es el mejor lugar para hacer el amor?

–La adolescencia.

–¿Qué has dejado de hacer por temor al qué dirán?

–Luego de que tienes el impudor de publicar tu primer libro de poesía, lo que digan los demás es francamente insignificante.

–¿De qué huachafería has sido testigo últimamente?

–La superioridad moral de algunos veganos, progresistas y demás subgéneros. No solo es huachafa, sino nociva.

–¿Qué titular te gustaría leer mañana en los diarios?

–Me hubiera gustado algo así como Blanca Varela es Premio Nobel de Literatura, pero ya no se puede. 

–¿Qué película te ha hecho llorar? ¿Y reír?

–Me he pasado buen rato intentando responder esta pregunta. Reír, lo que se llama reír, ‘La Fiesta Inolvidable’ de Peter Sellers. Llorar, ninguna que yo recuerde. Me hacen llorar las palabras, no las imágenes. Quizá porque tengo cierto control sobre estas y no sobre aquellas.

–¿Qué noticia te impactó recientemente?

–Lo de Saavedra. En el Perú las noticias ya no impactan, solo entristecen.

–¿Con quién te gustaría estar en una isla desierta?

–Con Emma Cline.

–¿Conoces alguna celebridad? Cuéntanos la anécdota.

–Mi mayor contacto con una celebridad fue una vez que vi a Vargas Llosa en un Tony Romas. Aparte de eso mi timidez nunca me dio para tanto.

–En el día del juicio final, ¿irías al paraíso, al purgatorio, o al infierno?

–Mi vida es muy poco interesante como para merecer un más allá extremo. Pienso en que el Purgatorio sería como una sala de espera, y uno puede leer y escribir mucho mientras espera. Y eso sería el Paraíso.  

–Si te quedara un día de vida, ¿qué harías?

–No iría a trabajar, eso lo tengo claro.

–¿Qué es lo más loco que has hecho por amor?

–Casarme sin trabajo y sin dinero. Tan mal no me fue.

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