César Morillas

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Setiembre, 12 del 2013

 

 

De chico, el cirujano plástico César Morillas siempre soñó con tener su propia clínica. Para hacer realidad sus aspiraciones, primero estudió la carrera de Ciencias Biológicas en la Universidad Nacional de Trujillo, luego viajó a Brasil para especializarse en cirugía estética en la Universidad Católica de Río de Janeiro y, finalmente, fue discípulo del famoso doctor Ivo Pitanguy, considerado el padre de la cirugía estética moderna. Después, cuando regresó al Perú, abrió la Clínica Morillas que, este año, celebra tres décadas de funcionamiento. Nos aunamos al festejo y les preguntamos sobre su vida y milagros.


–¿Tiene planeada alguna celebración por los treinta años de su clínica?
–Mi manera de festejar es presentando, para fin de año, el desarrollo de un proyecto inmobiliario que consta de tres torres: una médica, otra hotelera y una más de oficinas. Por esta razón paso la mayor parte de mi tiempo en la clínica, en donde tengo un sinfín de reuniones con la gerencia y mis hijos sobre el tema. Me he vuelto un esclavo feliz.


–¿Qué cirugía estética está de moda por estos días?
–La tracción frontal endoscópica, que se le practica a pacientes mayores de 18 años, y que consiste en levantar las cejas, almendrar los ojos y agrandarlos con cicatrices mínimas que ni un jurado de algún evento de belleza podría notar. 


–¿Qué extraña de Trujillo, su ciudad natal?
–La tranquilidad y simplicidad de su maravillosa gente. Era una ciudad pequeña en donde todos nos conocíamos.


–¿Siente que el impasse que tuvo con Maju Mantilla afectó su carrera?
–De ninguna manera, simplemente se trató de un acuerdo que hubo entre la clínica y ella. Ha pasado bastante tiempo y ya olvidé lo que pasó.


–¿Cuál es su logro más importante a nivel profesional?
–Tengo dos logros de los que me siento muy orgulloso. Fui el primer peruano que llegó a trabajar con el doctor Ivo Pitanguy, el mejor cirujano plástico del mundo.  El segundo, es haber regresado al Perú, mi patria, para fundar la clínica Morillas. Siento que Dios me puso en el lugar y momento preciso.


 –Un defecto, una virtud.
–Defecto: Soy obsesivo. Y mi virtud es ser perseverante hasta conseguir lo que me propongo, a pesar de que esto pueda incomodar a los que me rodean.


–¿En qué profesión no se hallaría nunca?
–No sería contador, lo encuentro muy estructurado. Yo soy bastante creativo, me gusta ver más allá de lo que a simple vista se observa e imagino la manera de cambiarlo.


–¿Cuál ha sido su cambio de look más radical?
–Afeitarme el bigote en dos oportunidades. Mis “fans” me recomendaron nunca más hacerme eso.


–¿Cuál es el objeto que más tiempo lleva en su mesa de noche?
–Una biblia.


–¿Qué ventajas tendría ser del sexo opuesto?
–Ninguna, considero que hombres y mujeres tenemos las mismas cualidades y defectos.


–¿Cuál ha sido el papelón más grande de su vida?
–Una vez participé en un pique legal de Ferraris en el Campo de Marte. No hice una buena presentación.


–¿Cuál es su sueño o pesadilla recurrente?
–Hace tiempo soñé con tener una clínica de cirugía plástica, y lo hice realidad. Hoy sueño con culminar el proyecto inmobiliario en el que me he embarcado con mis hijos.


–¿Qué costumbre debería quedar definitivamente en desuso?
–Negociar con los taxistas en la vía pública mientras largas filas de carros esperan por detrás. 


–¿De qué huachafería ha sido testigo últimamente?
–En un restaurante, una señora llamó al mozo para pedirle que ponga en un recipiente la comida que no pudo terminar diciendo que era para su perrito.


–¿Cuál ha sido su gran travesura?
–Una noche, con tres amigos, enrumbé a Lima con el carro que uno de ellos había tomado sin permiso de su papá. La aventura terminó cuando nos dimos cuenta que ninguno tenía un sol. Éramos adolescentes.


–¿En cuál de los siete pecados capitales cayó últimamente?
–En la gula. El fin de semana pasado comí tanto en Puerto Maldonado, que hasta ahora estoy sorteando una intoxicación alimenticia.


–¿Cuál es el mejor lugar para hacer el amor?
–La cama. A cierta edad tiene que ser en un catre grande si no quieres que te duela el cuerpo por dos días. 


–¿Qué noticia lo impactó recientemente?
–Siempre me impacta ver noticias de pacientes que sufren severos daños por haber acudido a personas no calificadas que ejercen la cirugía plástica. Si hay daños, lamentablemente una nueva operación es más complicada y costosa.


–¿Con quién le gustaría estar en una isla desierta?
–Con una chica muy bonita y con varios libros de Milan Kundera.


–¿Conoce alguna celebridad? Cuéntenos la anécdota.
–A Gina Lollobrigida, Raquel Welch, Farah Diba, Libertad Lamarque… las conocí cuando trabajaba con el profesor Pitanguy, yo era el encargado del post operatorio. Una vez, además, me encontré con Bill Clinton en la cancha de golf  de la isla Martha’s Vineyard y charlamos un momento.


–¿En qué o quién reencarnaría?
–En un león.


–En el día del juicio final, ¿iría al paraíso, al purgatorio, o al infierno?
–Purgatorio.


–Si le quedara un día de vida, ¿qué haría?
–Entraría al centro quirúrgico y seguiría operando hasta que me llegue “la pelona”.


–¿Qué es lo más loco que ha hecho por amor?
–Una vez, de adolescente, entré sigiloso al dormitorio de una enamoradita y, cuando escuchamos que venía su mamá, me metí debajo de la cama. Estuve casi una hora respirando muy despacio.

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