Carmen González

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Agosto, 08 del 2013

 

 

Por hablar con sus pacientes telefónicos sin medias tintas ni pelos en la lengua, la psicoterapeuta Carmen González se ha ganado el apelativo de “Doctora Cachetada”. Actualmente, ella conduce el programa ‘De Frente y Sin Máscaras’ a través de RPP Noticias, desde donde orienta a sus variopintos oyentes a superar las dificultades que atraviesan en su vida cotidiana. Anda, además, organizando un cambio en su vida para poder escribir los libros que planea publicar con la editorial PEISA. Y como si esto fuera poco, está pensando seriamente incursionar en política. ¡Agárrense!


 –¿Le gusta que la llamen ‘Doctora Cachetada’?
–No, describe solo lo aparente. No reconoce mi ternura ni mi empeño en convertir el sufrimiento en fuerza de vida.


–¿Qué es lo más complicado de su trabajo como psicoterapeuta?
–La contratransferencia; o sea las emociones, sentimientos y pensamientos que me despierta el paciente y que debo identificar para no contaminar su problemática con la mía.


–¿Alguna vez recibió una cachetada para superar algún problema?
–Cachetadas no. Pero sí pellizcos, jaladas de pelo y manotazos. No solucionaron problemas, me los crearon. Demoró la reconciliación con mi madre por ello.


–El escritor Gustavo Faverón la acusó de plagio, a propósito de una columna que usted escribió en un diario local, ¿qué tiene que decir sobre ello?
–Me enviaron un artículo de ese señor que me gustó porque defendía a nuestros héroes. Tomé el tema y obviamente lo cité, así es que plagio no hubo. Se ha molestado hasta porque Perú 21 puso su nombre en letras chiquitas. No entiendo su enojo, pero lo respeto.


–¿Cuál es su logro más importante a nivel profesional?
–Haber difundido que la infancia puede ser destino cuando no se procesan las vivencias de esa etapa; que el maltrato aniquila el alma de los niños; que a través del pensamiento, las emociones pueden ser procesadas; que la casualidad no existe; que en la adolescencia y adultez se reviven emociones de la infancia pero con otros personajes.


 –Un defecto, una virtud.
–Defecto: hablar rápido, incompleto y molestarme cuando después no hacen lo que yo esperaba que hicieran. Virtud: que lo digan los que me conocen.


–¿En qué profesión no se hallaría nunca?
–Ingeniera de sistemas.


–¿Cuál ha sido su cambio de look más radical?
–Hacerme african look; quise repetir esa experiencia pero estoy impedida por los años y arrugas.


–¿Cuál es el objeto que más tiempo lleva en su mesa de noche?
–Un reloj, que abomino cuando me despierta. 


–¿Qué ventajas tendría ser del sexo opuesto?
–Ninguna.


–¿Cuál ha sido el papelón más grande de su vida?
–Una vez, el chico que me gustaba acercó su mano hacia mí en una fiesta. Me emocioné y estaba a punto de pararme a bailar sin imaginar que él solo se estaba despidiendo.


–¿Cuál es su sueño o pesadilla recurrente?
–Las pesadillas se fueron con mi terapia. Sueño despierta con que los padres no traten a sus hijos como esclavitos. 


–¿Qué costumbre debería quedar definitivamente en desuso?
–Comprar productos robados porque son baratos; sin pensar que quizás mataron o hirieron a la víctima del robo.


–¿De qué huachafería ha sido testigo últimamente?
–De cómo los políticos se hacen los espantados o molestos de la “repartija”, cuando bien saben que es su práctica de siempre y que todos la conocemos.


–¿Cuál ha sido su gran travesura de infancia?
–Pintarme las piernas de color morado, como si hubiera sido golpeada,  y mostrárselas a mi padre. Luego de ello, disfrutar cuando él, indignado, le quitaba el habla a mi madre. ¡Qué mala era!


–¿En cuál de los siete pecados capitales cayó últimamente?
–En la gula siempre. Prometo ya no pecar, pero sigo…


–¿Cuál es el mejor lugar para hacer el amor?
–Con ternura y harta pasión, cualquier sitio con privacidad.


–¿Qué noticia la impactó recientemente?
–La fuerza interna de Julian Assange, quien con su partido político Wikileaks se presentará en las elecciones legislativas de Australia.


–¿Con quién le gustaría estar en una isla desierta?
–Con mis hijos y amigos, aunque creo que los primeros no querrían acompañarme. Y los entendería.


–¿Conoce alguna celebridad? Cuéntenos la anécdota.
–Una noche tuve en mi casa a Mario Benedetti, Eduardo Galeano y Daniel Viglietti. Los invitamos porque el avión en que viajaban a Cuba tuvo un desperfecto.  Miguel Rubio, mi esposo y yo estuvimos toda la noche en vela con ellos. Yo no hablé; me parecía que iba a decir tonterías. Benedetti le dejó un papelito a mi hija que decía: “Niña, que la vida haga que todos tus ojalá, se cumplan”.


– ¿En qué o quién se reencarnaría?
–En una terapeuta oriental que cure a través del Chi Kung. 


– En el día del juicio final, ¿iría al paraíso, al purgatorio, o al infierno?
–No creo en otra vida, pero si se trata de fantasear con mis “pecados”, he visto en la Divina Comedia que me correspondería estar en 3 de los 9 círculos del Infierno. Menos mal que no creo en Dios sino estaría muerta de miedo. 


–Si le quedara un día de vida, ¿qué haría?
–Ordenaría lo pendiente para no dejar problemas. Escribiría cartas a mi Ximena y a mi Rodrigo agradeciéndoles que me dieran la razón de vivir. También a mi yerno y nietos, hermana, sobrinos, amigos del alma y pacientes.


–¿Qué es lo más loco que ha hecho por amor?
–Llevar una torta escondida a un chico que me encantaba creyendo que era correspondida. No me dio bola y encima se hizo cura.

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