Carlos Palma

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Noviembre, 28 del 2018

 

La irreverencia no puede faltar en una conversación con él. Comediante, actor, polizonte y locutor. Carlos está preparando una obra teatral donde mostrará las peripecias que viven los comediantes, junto a Gachi Rivero, Mateo Garrido Lecca y Guille Castañeda. Las funciones se inician el 10 de enero en el teatro Pirandello.


–¿Cómo pasas tus días?

–Ocupadísimo. Entre ensayos, Polizontes, la radio y mi perro.


–Se viene en enero la obra ‘Se busca comediante…’

–Es una creación colectiva. Se basa en el backstage de un show de stand up comedy. Cómo son las conversaciones de los comediantes y las inseguridades que tienen. Muchos creen que ser comediante conlleva a reír todo el tiempo y la verdad es que a veces es todo lo contrario y somos gente retraída o amargada. Yo soy bien renegón.


–¿Cuál ha sido tu mayor reto como comediante?

–Empecé a los 16 años haciendo claun. En el cole fui un chico introvertido. No era nada, ni pavo, ni futbolista, ni popular, no era artista. Hasta que comencé a hacer claun y me di cuenta que me gustaba hacer reír y además me funcionaba. Lo más difícil ha sido retarme a mí mismo a seguir haciendo esto con el paso de los años, y lo vivo aun.


– Cuéntanos un poco acerca de tu trabajo como polizonte.

–Me hubiera gustado ser polizonte cuando la gente veía el programa. Pero, lo chévere es que he tratado de darle un giro y que las notas no giren en torno a la entrevista sino a lo divertida que puede ser una persona totalmente ajena al evento, (o sea yo) en el evento.


–¿Qué tan difícil es hacer reír a los peruanos en estas épocas?

–Hacerlos reír por reír es sencillo, te puedes apegar a los chistes o a poner chapas, que es algo que gusta mucho a nuestro público. Lo difícil está en buscar nuevas formas de hacer reír. El stand up tiene recién 12 años en nuestro país, a veces la gente no entiende que no es improvisación, son textos que te pasas horas creando y puliendo.  


–¿Qué cosas te inspiran?

– Me inspira ver una sala llena y que la gente se ría. Y que recuerden un show mío.


–¿Cuál es tu logro más importante a nivel profesional?

–Ser uno de los representantes y pioneros del stand up comedy en nuestro país. Sé que cuando me muera la gente va a recordarme en el Club de la Comedia o cuando abrí el show de Adal Ramones.


–Un defecto, una virtud…

–Físico, mi nariz, mi frente, mi estatura, (risas). Psicológico, soy renegón, intenso. Y una virtud es que siempre estoy con una sonrisa.


–¿Qué ventajas tendría ser del sexo opuesto?

–Si siguiera siendo comediante, creo que me juzgarían un poco menos al momento de escribir mis textos. Hoy en día como hombre heterosexual tengo que tener mucho cuidado con lo que digo porque pude sonar pésimo.


–¿Cuál ha sido el papelón más grande de tu vida?

–Cuando mi abuelita cumplió 90 años, mi primo y yo le hicimos una fiesta. Todos pidieron que yo de las palabras al ser quien habla frente al público. Hice un speech sobre mi abuelita y todo lo que había hecho por mí. Y cuando empecé a decirlo me puse a llorar horrible con ruido. Lo peor es que lo tienen en video.


–¿En cuál de los siete pecados capitales caíste últimamente?

–Gula, todos los días. Hoy almorcé una hamburguesa de quinua con ensalada y gelatina. Y al llegar al canal me compre una gaseosa y un chocolate.


–¿Cuál es el mejor lugar para hacer el amor?

–Podría ser la ducha, la playa, el auto.


–¿Qué has dejado de hacer por temor al qué dirán?

–Cantar. No canto pues. Entonces siempre arrugo porque soy malísimo.


–¿Cuál ha sido tu gran travesura de infancia?

–Un día de chico, quería que mi papá me haga caso pero estaba viendo tele. Entonces me paré detrás del televisor y lo empujé hacia adelante. Le tiré el televisor. Mi abuelita salió en mi defensa y le dijo a mi papá: “Yo te pago el televisor pero no le hagas nada”.

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