Tesoros en Casa

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Marzo, 07 del 2013

 

Una pieza antigua puede convertirse en última tendencia. A continuación, una mirada al mundo de la decoración y las antigüedades, donde las historias pueden repetirse una y otra vez.


Hay un gusto especial por aquellos objetos a los que el tiempo logró darles vida propia. Una sensibilidad por ir detrás de la historia. Una fijación que puede convertirse, para algunos, en obsesión. Hay quienes son capaces de pagar un precio exorbitante por una vajilla de plata o un mueble inglés. Antes que restarles valor, el paso de los años los ha dotado de un aura indescriptible, dignas piezas de museo cuya posesión logra complacer a su dueño. 


Una de las grandes obsesiones en estos días, radica en ese culto a lo antiguo, a lo retro. Está en la moda, en la música, en el arte, en el diseño. Todo siempre vuelve. “Hay épocas en que algunas cosas se ponen de moda. Hace un tiempo se puso de moda el art nouveau, luego el art deco. Actualmente, lo que está de moda es todo lo referente a los años 50’s y lo vintage, pero es una tendencia que puede ser pasajera”, nos cuenta el decorador Orry Dages. “A mí me parece más interesante la mezcla: que puedas tener muchas cosas a tu disposición. Me parece aburrido manejar un solo lenguaje”, continúa el decorador.


Roque Saldías tiene otro punto de vista. “El uso de antigüedades no se rige por una moda: son objetos atemporales. Hay un reflejo de historia o un reflejo emocional en ellos”, opina el pintor y diseñador de interiores. Saldías se ha especializado en combinar lo antiguo con lo moderno, en propuestas de diseño ecléticas donde su gusto y obsesión por la caza de reliquias y rarezas está siempre presente. “Creo que los objetos antiguos ennoblecen un ambiente, porque le dan una trascendencia de tiempo. No hay una inmediatez, sino un tiempo más vasto. Si uno tiene una porcelana, un objeto precolombino o europeo, extiende el tiempo de vigencia de ese ambiente”, concluye.  


Si alguien puede ser considerado un guardián del tiempo, es Pepe Cánepa, decorador y anticuario, cuya casa es un museo que conserva cuadros del siglo XVIII, porcelanas japonesas, caligrafías, y una insólita y envidiable colección de arte. En su extenso y variado catálogo, destaca una serie de pinturas japonesas sobre perros, de diversas épocas y tamaños, tema sobre el cual es un erudito a juzgar por los libros que exhibe en su mesa de centro.


“Por lo general, la gente joven no está interesada en las antigüedades”, afirma él. “Tienen otro sistema de vida, quieren cosas más simples. No quieren complicarse. La platería no les interesa porque hay que limpiarla, hay que cuidarla. Tienen una vida diferente, compran muebles hechos, no se mandan a hacer cosas especialmente”. Sin duda, una crítica bien sustentada sobre la inmediatez de nuestros días.


Hay, sin embargo, una diferencia entre el gusto por lo auténtico y el gusto por lo antiguo. Lo primero tiene que ver con una fijación por aquello que es de época, por un aura que puede dotar de un clima especial un ambiente. El fetiche puede encontrarse en  una tela prehispánica o un cuadro colonial, pues tenerlos es poseer un fragmento de la historia nacional. Por otro lado el gusto por lo antiguo se refiere al valor estético de una época, cuyo estilo uno desea utilizar en el presente.


Orry Dages nos cuenta una anécdota que lo ilustra con claridad: “Un cliente quería usar una mesa antigua de nueve metros donde podían sentarse 24 personas, pero no encontrábamos. Le propuse hacer dos mesas y juntarlas, pero no aceptaron. Entonces les ofrecimos envejecer una mesa. ¿Cómo lo logramos? En el mismo terreno de la casa se hizo un hoyo grande. Metimos toda la madera y la tapamos con abono y 40 kilos de clavos que desprendieron óxido; así lo dejamos por 6 ó 7 meses. Al destaparlo, la madera parecía viejísima, porque estaba gastada, quemada. Fue así como hicimos la mesa antigua que tanto buscaba el cliente”. Para concluir, agrega Dages: “En Estados Unidos hay sofás muy bonitos que tienen cuero desgastado. Hay lugares donde ya te venden el cuero preparado para hacer tapices a la antigua”.


Son los anticuarios parte esencial de esta historia. Hay coleccionistas de antigüedades que han dedicado una vida entera a atesorar objetos de valor incalculable. Entre ellos están Jaime Liébana y Alex Ciurlizza, cuyas colecciones de arte colonial y popular peruano son referencias ineludibles. Hay también tiendas especializadas como ‘Vernisage’, en San Isidro, o ‘El Desván’ y la tienda de Manuel Bellido, en Miraflores. Son lugares de visita obligada para cualquier aficionado que desee obtener una pieza de colección. 


‘Vernisage’, de Tomás Leguía y Jorge Bustamante, abastece a los diversos diseñadores y decoradores que están a la búsqueda de objetos para sus propuestas de decoración. Sobre el nacimiento de la tienda, Bustamante nos cuenta: “Mi afición empezó como un hobby, como una afición de comprar para coleccionar, y a los 22 años ya tenía ese bicho por la cosa antigua. Pero te vas dando cuenta de que lo poco que tienes en el bolsillo no alcanza, así que la única forma para poder continuar es vender algo que no te gusta tanto para comprar lo que realmente buscas, y así terminas convertido en un anticuario de verdad”. 


Si bien ‘Vernisage’ está dedicada al arte europeo del siglo XVIII y XIX, la demanda por objetos vintage de los años 50’s es tal que han habilitado un espacio en su tienda especialmente dedicado a ese periodo. “Vintage es un término gringo que viene del cine, de los licores y la ropa, pero ya se aplica a las antigüedades. Los 50’s son vintage, los pósters son vintage”, nos explica. 


También asegura que todo lo antiguo no es oro: “Es un mercado cambiante, cuando yo era chico estos muebles estaban pasados de moda, y ahora los compro para venderlos. Pero lo importante no es que sea antiguo, sino que sea diferente. No por ser antiguo tiene que ser bueno”. 


No parece haber una norma que predomine a la hora de mezclar lo antiguo y lo moderno, y toda tendencia es una más entre diversas opciones. Lo cierto es que hacer de la combinación de estilos y épocas un modo de ambientar, se ha convertido por estos días en todo un mundo por explorar. Como remata Bustamante: “Un cuadro colonial puede quedar bien con un marco moderno. El asunto es saber combinar; tal como ocurre con la ropa, ya que puedes ponerte un abrigo antiguo de tu abuelo con un jean y se verá espectacular”.

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