MICAELA LLOSA: Mezcla solidaria

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Diciembre, 01 del 2017

 

 

Sus principales pasiones: la ayuda social y la moda. Micaela Llosa hoy tiene una vida feliz porque ha podido hacer de su trabajo una mezcla de las dos.


Philomena, la marca de Micaela, fue presentada en el 2015 y hoy cuenta con un showroom en Lima, una tienda en Cusco y tiene importantes ventas en Chile, Toronto, Miami, Texas y  New York. El principal enfoque de la empresa es preservar nuestra herencia cultural. Micaela quería tener algo propio y que refleje su esencia, así que sin pensar mucho en lo que se estaba metiendo se lanzó con su propia marca de ropa.

Philomena es una empresa con alma social, los ponchos son hechos a telar de pedal y las chompas son tejidas a mano en comunidades de las alturas peruanas. Micaela se encarga de viajar por todo el Perú para supervisar el trabajo que realizan las artesanas y ayudar a la gente.  

Micaela con los dibujos que le regalan los niños del Callejón de Conchucos.


–¿Cómo nació tu interés por la ayuda social?

–Desde chica tengo inquietudes sociales. Lo siento como una necesidad de entender el sufrimiento ajeno. Lo miro como una terapia hacia el egoísmo. Para mí dar es muy  importante porque me genera una plenitud que me hace bien.  

En el mundo de la moda existe una nueva tendencia llamada ‘slow fashion’ que consiste en dar un uso extendido a una prenda. Esta ropa tiene que haber sido creada y producida bajo condiciones adecuadas, con material durable y hecho a mano. Por ello Micaela muestra todos sus procesos a través de sus redes sociales para que los clientes vivan este concepto.

“Yo creo que nosotros tenemos muchas cosas buenas. Así como la gastronomía o la artesanía, el trabajo a mano es uno de nuestros fuertes. Creo que estamos camino a darle su debido lugar en el mundo. Yo apuesto por eso”.

A Micaela le gusta la onda ‘slow fashion’ porque esto le permite conocer las ciudades a donde va, las distintas realidades de la vida de las personas y puede manejar sus tiempos como a ella le gusta.


La empresa trabaja con artesanos en Ayacucho, el Callejón de Conchucos, Caral, Canta Gallo, Puente Piedra y Villa El Salvador.

–¿Sabes separar el trabajo de tu vida personal?

–Philomena es parte de mi vida y mi vida es parte de Philomena. Siento que la vida es una integración de muchas cosas, que no se debe de separar. Soy bastante adicta al trabajo.


–¿Cómo ha cambiado tu vida desde que eres empresaria?

–He tenido que madurar muy rápido y aprender a tomar decisiones, aprender a escuchar, aprender a equivocarme.

El camino de este proyecto ha sido muy difícil y cree que su empresa no sería lo que es si no hubiese tenido el apoyo incondicional y emocional de su esposo Felipe Villarán. Apoyo que, según ella, todo empresario o emprendedora debe tener. Al inicio, en esos días en los que llegaba a su casa abrumada por tantos cambios y quería renunciar a todo, ‘Pipe’ era su calma y la motivaba a continuar con este gran reto.


Dependiendo la cantidad de pedidos, Philomena puede contar con alrededor de 40 tejedoras.


–¿Crees que ahora las mujeres se preocupan mucho por lo laboral y sacrifican lo familiar?

–Siempre está esta palabra tan importante: ‘equilibrio’. Pero el equilibrio no es igual para ti o para mí. Lo que sí creo es que todo ser humano tiene que ver hacia adentro y encontrar su felicidad. Uno no debe actuar en automático. Por ejemplo, yo no tengo hijos y mucha gente me dice que cómo no voy a tenerlos. De repente cuando voy a la sierra soy madre de muchos niños. Yo siento que Philomena es como un hijo mío al que cuido y alimento todos los días.


–Pero, ¿quieres tener hijos?

–Siendo sincera creo que todavía estoy en un proceso en el que no lo tengo claro, pero mi día a día es muy lleno y rico, entonces no siento que me falte nada. Me encantan los niños y estoy conectada con la maternidad porque en la sierra soy madrina de muchos de ellos. Hoy por hoy te digo lo que siento pero mañana no sé. Tal vez cambie de opinión.

Micaela aún tiene muchos planes para su empresa. No se pone metas tan fijas porque cree que la vida hay que gozarla y no estar en una constante competencia. Por lo pronto quiere poner un stand en el aeropuerto y abrir un showroom en New York. Claro está que siempre teniendo por delante a sus grandes tejedoras a quienes quiere como si fueran de  su propia familia.


Mica ama iniciar sus días alimentando el alma. A las 6 de la mañana lo primero que hace es meditar. Luego va a las clases de yoga que dicta su amiga Alina Ferrand y se da tiempo para tomar desayuno con su esposo. Después se dedica íntegramente a trabajar. Sus labores terminan a las ocho de la noche y llega a casa a ver Netflix. Si no está viajando, suele pasar los fines de semana con su esposo y amigos compartiendo tardes relajadas ya que no es una mujer de fiestas.


· La empresa trabaja con artesanos en Ayacucho, el Callejón de Conchucos, Caral, Canta Gallo, Puente Piedra y Villa el Salvador.

· Dependiendo la cantidad de pedidos, Philomena puede contar con alrededor de 40 tejedoras.

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