Mi madre, Mi jefa

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Mayo, 08 del 2014

 

Trabajar bajo las órdenes de la mamá no es una tarea fácil, sin embargo, si se logra separar lo familiar de lo profesional, el éxito está garantizado.


Muchos expertos opinan que de todas las relaciones laborales-familiares, la más complicada es la que se da entre madres e hijos, cuando estas asumen el rol de jefas y ellos de empleados. Y esto, explican, porque en la mayoría de los casos la madre quiere que el hijo sea lo que ella no pudo ser, aunque en esta búsqueda se  convierta en una mujer intransigente. El hijo, por su parte, solo pretende la venia de su progenitora, sin lograr tomar las riendas de su propia línea de carrera. A todo esto se agrega, además, que estas dos personas se aman y profundamente. Complicada suma de exponentes. 


Pero, cuidado, esto no significa que el ejecutivo joven esté condenado al fracaso. Por el contrario, si madre e hijo logran manejarse con mucho juicio respetando sus cargos dentro de la empresa, el heredero puede ser parte de una empresa sólida y exitosa. Y es que, ¿hay alguien en quien se pueda confiar más que en la propia madre?


Para Ida Capece, psicóloga empresarial con especialidad en temas de familia, la clave está, principalmente, en respetarse mutuamente. Solo así, asegura, la madre entenderá que no debe colocar sus expectativas de logros en su hijo y tampoco debe intentar vivir a través de él. “De ocurrir esto, —dice Ida—, es el hijo quien debe tomar rápidamente cartas en el asunto: este debe separar los logros y los objetivos de la madre de los suyos y encontrar su propio camino”.  


Asimismo, dice la especialista, es indispensable que madre e hijo separen siempre lo laboral de lo familiar. “No es recomendable hablar de trabajo durante la cena y tampoco es bueno comportarse en la oficina exactamente como en la casa”. Por esto último entiéndase que, por ejemplo, queda terminantemente prohibido que la madre consienta al hijo y lo deje faltar al trabajo porque tiene que estar con los amigos, o que este apele al cariño que le tiene la madre para pedirle un aumento.

Hablan los hijos
Tener una buena relación con mamá en el trabajo, no es sin embargo una hazaña. Como muestra relatamos a continuación el caso de tres conocidos personajes que comenzaron su carrera laboral en el negocio familiar, exactamente, junto con sus madres. Para comenzar tenemos a Carolina Herrera de Báez, hija de la diseñadora Carolina Herrera, dueña del imperio de la moda y belleza, ‘Carolina Herrera’. Carolina hija se incorporó al negocio familiar en 1997, como directora creativa en ‘Hererra’s House of Fragrances’, y desde entonces asegura no haber tenido ningún problema con su madre. Hace algún tiempo ella contó en una entrevista para ELLOS&ELLAS que trabajar con la creadora de la marca era muy fácil gracias a que esta “no es competitiva, autoritaria, ni cree tener la razón en todo”. Señaló, también: “Mi madre se deja aconsejar, así como yo me dejo aconsejar por ella”. (Leer CAROLINA HERRERA: Por Partida Doble)  


En ese artículo ella también comentó que aunque hablaba por teléfono con su mamá todos los días, pues ella siempre quería estar al tanto de cómo iba el negocio, no siempre conversaban de trabajo. “Hablamos de nosotras, de los hijos y de los nietos”, afirmó. 


Otro caso de éxito es el de Renzo Costa y Marina Bustamante, dueña de la empresa de cueros ‘Renzo Costa’.  Renzo reconoce que si alguna vez se cometió alguna equivocación en la relación jefa/ empleado, fue porque se llevaron los temas del trabajo a la casa. Pero también afirma que con el tiempo lograron enmendar este defecto. 


Y si se habla de la ventaja de trabajar bajo la supervisión de la madre, Renzo considera que lo mejor es que entre él y Marina existe una confianza absoluta. “Mi mamá me conoce toda una vida y ella más que nadie sabe cuáles son mis fortalezas”. Agrega, “Tengo su respaldo y empoderamiento en cualquier proyecto que emprenda”. 


Por su parte, el chef Flavio Solórzano comenta que lo mejor de trabajar en la empresa de su madre, Isabel Álvarez, dueña del restaurante ‘El Señorío de Sulco’, es que ambos siempre se dicen las cosas claras y directas. “Isabel es de ideas firmes y difícil de convencer, sin embargo, su amplia sabiduría la lleva a tomar decisiones correctas”, dice el orgulloso hijo.

Añade, “La admiro, ella me ha enseñado mucho y me ha apoyado siempre. Y lo mejor es que ambos tenemos mucho respeto por esta profesión”.  

La edad cuenta
Pero estas no son las únicas ventajas que un hijo tiene de trabajar con su madre, sino que la diferencia de edad también representa un plus. Las reglas empresariales sugieren que en un equipo de trabajo cohabiten personas de generaciones disímiles. “Así los mayores aportan la experiencia, y los jóvenes la mirada innovadora”, dice Ida. Esto lo reafirma Renzo Costa: “La experiencia de mi mamá me enseñó mucho y a esta le agregué conceptos nuevos, aprendidos en la universidad”. 


Por su parte, Flavio opina que, “Aunque durante el intercambio de opiniones salgan chispas, siempre resulta favorable para la empresa que Isabel consulte conmigo algunas ideas, pues tengo una manera distinta de ver la vida”.  


Ida agrega otra ventaja de esta diferencia de edades: el regreso de algunas formas de trabajo que se usaron en el pasado y que son más ordenadas y eficientes que las de ahora. “Por ejemplo, antes todo lo hablado se escribía en un reporte, y así siempre había una fuente que se podía buscar en caso de alguna duda. Actualmente los chicos creen que pueden retener toda la información en la cabeza y esto muchas veces les juega una mala pasada”. 


En vista del creciente carácter empresarial de la mujer, estas alianzas maternofiliales tendrán cada vez más presencia en nuestro país. Sobre este punto Ida dice: “Es probable que las madres lleguen a ocupar más puestos directivos en las empresas familiares, algo que hasta hace muy poco se limitaba principalmente a los padres. Y esto porque en un futuro quien se quede a cargo del negocio familiar será el cónyuge que se sienta más interesado por él y en este sentido el entusiasmo femenino, sorprende”. 


Las mujeres que trabajan con sus madres, por su parte, tienen una ventaja, pues se estima que en un futuro cercano su progenitora las evaluará con criterios más amplios que los que se emplearon para juzgarlas a ellas. En buena hora.

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