Mi amigo, mi socio

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junio, 13 del 2018

 

Trabajar con nuestros amigos suena muy bueno y divertido, pero en la práctica, ¿resulta buena idea emprender un negocio con quien tenemos una relación amical?



Amistad y trabajo: un binomio complicado. Muchos desistimos de emprender el negocio que nos propone algún amigo, por temor a perder o malograr el vínculo amical. Hay que tener en cuenta que si a eso le agregamos el estrés que genera el ámbito laboral, lo más probable es que las discusiones puedan abundar


Problemas comunes

En estos tiempos, el deseo de emprender un negocio es más tentador que nunca. La idea de ser tu propio jefe, que está tan de moda, tiene cada vez más aventureros lanzándose a la piscina del mercado con una idea innovadora (o no tanto). Es en ese momento cuando, por temas de capital o miedo al fracaso, se piensa en un socio antes de iniciar el proyecto. Es decir buscamos a alguien con quien compartir responsabilidades. Es lógico que los primeros que nos vengan a la mente sean nuestros amigos. Total, nos conocen bien, y nosotros a ellos. Sabemos sus virtudes y defectos y cuando los escogemos  es porque pensamos que poseen alguna cualidad propicia para el negocio que tenemos en mente.


Como nos explica la especialista en cultura, clima y cambio organizacional, Iris Reyna, “iniciar un negocio con un amigo suele ser complicado. Es difícil que ambos se pongan de acuerdo en las decisiones y es ahí cuando empiezan los conflictos. Puede ocurrir también que ambos tengan la misma especialidad y crean que tienen la razón a pesar de que las  opiniones son diferentes”.


Antes de tomar tremenda decisión se debe evaluar también si la amistad podrá sobrevivir ante algún eventual problema económico. Según Reyna, quien es profesora de la Universidad Católica en habilidades directivas, “lo mejor es que cada uno tenga una función. Que uno sea administrativo y el otro técnico. Así nadie se mete en el trabajo del otro”. Con una buena comunicación entre ambos y transparencia, se puede lograr armonía y hacer que cada uno ejerza una función específica que no interfiera con la del socio.


Otro punto a tomar en cuenta es la ética laboral de cada uno. No obstante tener intereses en común, es probable que en el ámbito laboral piensen de manera distinta. En ese punto hay que buscar entender qué tipo de trabajador es el posible socio-amigo y si es afín con ustedes en puntos de vista. Esto debe hacerse antes de emprender la sociedad.


Recuerden también que es más complicado hacer notar un error o equivocación a un amigo. Si con él tienes alguna actitud de preferencia o favor para no herir sus sentimientos o comprometer la amistad, puedes ocasionar graves daños a la empresa.


¿Cómo hacer que funcione?


“Es importante que cada uno maneje un tema diferente y no interfieran en el trabajo del otro. Además, es muy útil tener un tercero que los apoye. Una persona experta en la materia, tal vez un consultor o alguien que dé otro punto de vista”, nos explica Iris Reyna. De esa forma, una vez que se hayan establecido los roles, la cercanía con un amigo puede traer también resultados positivos, ya que se entenderán al instante. Y por otro lado, no es novedad que al trabajar en compañía de una persona con quien te llevas bien, el ambiente laboral resultará más gratificante y productivo. Los resultados obtenidos también reflejarán esa armonía.


Con buena comunicación y una clara separación de roles, iniciar un proyecto con un amigo no es tan jalado de los cabellos después de todo. ¡Buena suerte a quienes se enrumben en esta nueva aventura!

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