La Peor Bancarrota

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Setiembre, 25 del 2014

 

Cuando el ejecutivo ya no crece laboralmente y se frustra, se dice que está en “bancarrota profesional”. Aprenda a prevenir y/o superar esta situación.


Jaime es un ingeniero de sistemas de 37 años que cayó en la bancarrota. Pero no está  quebrado económicamente sino sumergido en una terrible ruina profesional. Este ejecutivo ha paralizado drásticamente el desarrollo de su carrera –no se actualiza académicamente y por ende no entiende las nuevas metodologías laborales, no se preocupa por presentar propuestas innovadoras a sus superiores y deja de trazarse objetivos dentro de la empresa– y, como consecuencia, su jefe ya no lo considera su mano derecha, de ese ascenso que le prometieron ya ni se habla y se encuentra frustrado y deprimido.

Según señala Imelda Carrasco, psicóloga y coach empresarial, “cuando el empleado se encuentra en esta situación, lo primero que debe hacer es reconocer que cayó, luego debe identificar cuáles son sus errores y, por último, debe levantarse y emprender nuevamente el camino”. Opina, además, que en ninguno de los casos es recomendable abandonar el actual puesto de trabajo para empezar de cero en otro ambiente laboral, pues aunque pareciera que esto es una salida, solo apaciguará el problema, no lo enmendará.

Más vale tarde que nunca
Para reconocer que las cosas no le están resultando bien en la oficina, que la culpa recae en sus hombros y que las consecuencias de estos errores le están haciendo severo daño psicológico, el trabajador debe acudir a un especialista. Es indispensable que entienda de manera objetiva que está pasando por una crisis y que necesita salir airoso de esta. 

Lastimosamente, explican los expertos, este proceso no es tan sencillo, pues aunque la gente logra reconocer que está estancada laboralmente, le cuesta aceptar que es la culpable de este fracaso y, por el contrario, tiende a responsabilizar a los demás. “Alguna vez me visitó una profesional muy deprimida que me contó que lloraba todas las noches porque sentía que su trabajo no era apreciado dentro de la empresa, a tal punto que su jefe le delegaba a otros las responsabilidades que antes eran de ella. La chica afirmaba que esto se debía a que sus compañeros estaban confabulando a sus espaldas, pero la verdad era que esta ejecutiva ya no estaba aportando nada”, relata Imelda.  

Como técnica, la coach recomienda al ejecutivo escribir en un papel en blanco adjetivos calificativos que definan cómo se siente y luego colocar al costado de cada ítem lo que considera que ha ocasionado estos sentimientos.

Continuar para ganar
Pasada la etapa de terapia, el empleado tendrá que recuperar el tiempo perdido. Lo primero que le toca es sincerarse con el jefe para liberar culpas y crear nuevos compromisos. El trabajador debe conversar con su superior y comentarle que ha hecho un balance de su comportamiento laboral de los últimos meses y que reconoce que este no es el mejor. Debe, además, presentarle un nuevo plan de trabajo indicándole que este ayudará a aumentar la productividad de la empresa. “Muchos ejecutivos cometen el error de no acercarse a su jefe, pues piensan que este no se ha dado cuenta de la situación. Están equivocados. Los buenos empleadores tienen cuatro ojos”, comenta Imelda.

Más vale prevenir
¿Y cómo hacemos para prevenir esta situación? “Lo primero es trazarnos metas altas desde que empezamos nuestra carrera profesional e ir siempre tras ellas”, responde Imelda. De esta manera no se caerá en la mediocridad y el conformismo. 

Además, el trabajador no debe mantenerse en el estado de confort, como si estuviera en piloto automático. Por el contrario,  debe ser proactivo, innovar y adelantarse a los futuros requerimientos de sus jefes y clientes. “De lo contrario –dice la coach– el empleado se convertirá en un trabajador prescindible y esto lo conducirá con seguridad al fracaso”. Recordemos que en épocas de vacas flacas los dueños de las empresas suelen despedir a los directivos con sueldos más elevados y a aquellos que no aportan valor añadido.

Otro punto que podría llevar a que el ejecutivo fracase profesionalmente es la sobrevaloración. Hay quienes están convencidos de que son capaces de desarrollar con éxito cualquier tipo de trabajo y no evalúan cuáles son sus debilidades. Reparar en este detalle es fundamental porque de detectar que se ignora algún tema académico es necesario realizar estudios complementarios para cubrir este vacío y no solo limitarse a delegar esta función a otro compañero de trabajo. “Los profesionales que amplían su formación, que actualizan conocimientos y que desarrollan nuevas habilidades sociales, tienen más posibilidades de crecer dentro de la empresa o, en caso de ser despedidos, de encontrar otro empleo en poco tiempo”, dice Imelda.

Y, por último, es necesario que el ejecutivo construya su propio consejo consultivo para asegurarse de estar siempre bien asesorado. El trabajador debe elegir a esas personas que le proporcionarán consejos, ideas y perspectivas a lo largo de su carrera profesional. Podría ser un compañero de trabajo, el antiguo jefe, la madre o el esposo.

Que la “bancarrota profesional” no sea al fin de una historia laboral sino el inicio de un nuevo comienzo. Como decía el científico escocés Alexander Fleming: “Los fracasos son también útiles, porque, bien analizados, pueden conducir al éxito”. (Estefanny Jackson)

 

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