La Gran Celebración

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junio, 26 del 2014

 

Marisa Guiulfo hizo un maravilloso viaje a la China y celebró, en Beijing, la designación de su libro como el mejor del mundo en la categoría Entretenimiento.


Cuando una persona se traslada de un lado a otro en vano se dice, comúnmente, que hizo un “viaje a la China”. No le ocurrió eso a la incansable Marisa Guiulfo, la chef y empresaria de banquetes más famosa del Perú. Ella deseaba conocer China desde hacía tiempo y aprovechó la oportunidad de que su libro –“Celebra la Vida”– estuviera compitiendo en los Gourmand World Cookbook Awards (que este año se otorgaron en Beijing), para cumplir su sueño. Convocó entonces a su eterna compañera de viajes Ana María Moreyra, arregló maletas, se colgó la medalla de Embajadora de la Marca Perú que le acababa de entregar PromPerú y tomó un avión con destino a Beijing. La siguieron su sobrina Andrea Romero (productora del libro), Verónica Majluf  (diseñadora gráfica) y un par de amigas más.


Marisa no sabía si su libro ganaría el premio o no. Sin embargo, el día del evento, 21 de mayo, se vistió como ganadora y estaba, según toda su troupe, sencilla pero elegantísima. Como siempre. Por eso, cuando pronunciaron su nombre se paró feliz, aceptó la mano del embajador del Perú en China, Gonzalo Gutiérrez (que acaba de asumir la cartera de Relaciones Exteriores) y caminó con él hasta el estrado a recibir su diploma y agradecer por tan maravillosa distinción. “Ellas –dice Marisa ahora y señalando con sus ojos azules a Andrea y Verónica– estaban más bien aterradas pensando cómo iba a reaccionar yo si no me daban el premio”. Y se mata de risa.
“Celebra la vida, Marisa Guiulfo”, tal el título completo del libro,  fue tramado desde hace tres años y finalmente, el pasado 2013, se pudo editar. Esto, gracias al empeño de Andrea Romero y a la creatividad de Verónica Majluf. Además, todo el tiempo, ellas trataron de que la esencia del libro se mantuviera tal cual (y que nadie cayera en la tentación de convertirlo en una publicación comercial). Es decir, que transmitiera la filosofía de vida de Marisa, su versatilidad y su mundo personal. “Que sea, además, un punto de partida de futuras publicaciones de ella”, añade Verónica.

 
Al día siguiente de la premiación, Marisa dio una conferencia de prensa (organizada por el embajador Gutiérrez) ante más de 250 personas –casi todas chinas– interesadas en el trabajo que hace y en la gastronomía peruana y fue agasajada con un coctel estupendo.


Luego, partió a recorrer China, a sorprenderse de sus tradiciones y costumbres, a saborear su deliciosa cocina y a comprar una serie de objetos primorosos (desde cajas de madera y nácar, hasta canastas y todo tipo de platos que ahora ocupan toda la mesa de su comedor). Su viaje se extendió hasta Camboya y Tailandia.


–Sus compañeras de viaje están sorprendidas de su energía y vitalidad, ¿de dónde sale tanta fuerza?
–Yo creo que lo que he hecho toda mi vida me da fuerzas. Tengo un ímpetu por ver siempre más y por dar más de mí. Yo quería ir a la China y lo logré. Mis hijos estaban preocupados porque tengo más de una enfermedad pero la verdad es que me sentí mejor que nunca.
–Enfermedades algo graves, además.
–Sí, nunca he tenido una enfermedad sencilla.
–¿Cómo es un día en su vida?  
–Me levanto tarde porque me acuesto alrededor de las 2 de la madrugada. Antes me amanecía en los matrimonios o fiestas porque tenía que estar atenta a todo hasta el final. Ahora estoy más tranquila porque mi hijo Felipe se ha hecho cargo de todo. Pero siempre, a mediodía voy a la oficina para ver cómo están las cosas. Y es que todavía hay clientes que quieren que yo los atienda.
–¿Y organiza todas las celebraciones que se mencionan en su libro?
–Todas. Por amor a las fechas y a las tradiciones y porque son un pretexto para reunir a los amigos y a la familia. Este domingo (29 de junio) en Pucusana, hago la fiesta de San Pedro y San Pablo por mis amigos los pescadores. Eso me hace muy feliz. Y de hecho me meto a la cocina para preparar el almuerzo.
–¿Cómo celebra usted  la vida?


–No es cuestión de dinero sino de ganas, de darse, de entregarse. La vida me ha dado mucho y yo no dejo de agradecérselo. Así la celebro.
Marisa, que luce una hermosa blusa china, dejó hace unos meses la casa en la que vivió más de 25 años y está ahora a media cuadra de su querida “La Bonbonniere”, en San Isidro. “No me afectó en nada la mudanza, porque todo lo que tenía en la antigua casa lo he traído para esta, hasta los pisos y la chimenea. Inclusive, cuando me mudé momentáneamente a un departamentito enano, mientras arreglaban todo esto, me acostumbré a vivir en él. Me encantaba”, confiesa.
Y bueno ¿cómo no celebrar de ella ese espíritu tan encantador y esa vitalidad tan envidiable? (TMN)

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