Javier Echecopar

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Diciembre, 01 del 2014

 

Destacado guitarrista y estudioso estará hoy, jueves 27, en el Gran Teatro Nacional para celebrar los 45 años de Manuelcha Prado.


Manuelcha. Con él tengo una de esas amistades que se mantienen a lo largo del tiempo que son como un transatlántico: inalterables. Cada vez que se puede nos encontramos. La última vez que vine en el 2012, lo invité a tocar en el Teatro Municipal. Ahora que celebra sus 45 estoy con él. A veces nos encontramos en Puquio y siempre compartimos ideas y coincidencias. La guitarra. No tiene fronteras, es fácil de llevar, no es cara, se pasea por todos los niveles sociales y cualquier tipo de música. A los 8 años tenía una hermana que se compró una, siempre la veía en un mueble y un día la cogí. También tuve una gran tía, la primera aviadora del Perú, Carmela Combe. Ella tenía una predisposición para leer a la gente y un día me dijo: “Tú tienes cara de músico” y me regaló una guitarra. Descubrimiento. Comencé a percibir que estaba en un súper país de una riqueza enorme después de haber estudiado guitarra en el conservatorio. Luego de algunos viajes a la sierra, me di cuenta de que tenemos una extraordinaria diversidad musical y eso no es común en los demás países. Primero descubrí lo andino, después lo criollo. Me di cuenta de que hubo compositores que dejaron una trayectoria importante. Entonces comencé a escuchar, a viajar por el Perú, a tomar notas en texto y apuntes musicales. No era fácil grabar en esa época. Bach para la concentración. Es una forma interesante y sencilla de unir la música clásica con los estados de ánimo. Puede ser visto como utilitario, pero al final la música es algo misterioso y mágico que permite soñar. No importa cómo llegues a ella porque al final la música hace su trabajo solita.
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